Abelardo Pachano

Los ciclos y el ahorro

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La terrible crisis de inicios del siglo pasado, que puso en jaque toda la organización financiera de la época y llevó sus secuelas hasta casi la mitad de esa centuria, dejó varias enseñanzas y dio paso al nacimiento de algunas vertientes de política económica. La más importante, conocida como doctrina keynesiana, reconoció las limitaciones del sistema de mercado e introdujo como mecanismo regulador de situaciones depresivas, la intervención temporal del Estado. El objetivo: recuperar la generación de empleo mediante impulsos de inversión pública sustentada en políticas desequilibradas, que acepten la existencia de un déficit ocasional.

Keynes, sin duda alguna uno de los más altos exponentes de la economía, nunca renegó de sus ancestros clásicos ni repudió a esa escuela de pensamiento. Era un libre pensador, amante de la investigación y un extraordinario crítico de las acciones y decisiones gubernamentales, aunque durante algunos años representó a su país en foros internacionales.

Vivió la mayor parte de su etapa madura durante esa larga crisis que colisionó con los principios que gobernaban el sistema monetario del Patrón Oro. La Primera Guerra Mundial, iniciada en 1914, dio paso a decisiones contrarias a la normativa rigurosa e inflexible que sustentaba este modelo de emisión y que había permitido tener una extensa etapa de bienestar en el mundo. Las necesidades fiscales llevaron a los países en conflicto, especialmente Inglaterra, Francia y Alemania a romper, o si se quiere a encontrar subterfugios, para cambiar la relación de la emisión monetaria con la tenencia de oro.

Al final de la guerra, las cuentas eran horribles, los descalces muy profundos. Habían perdido reservas, la liquidez era muy limitada y el mantenimiento del Patrón Oro trajo enormes dolores de cabeza. Finalmente, a pesar de los esfuerzos, colapsó, ocasionando daños profundos en el bienestar de millones de personas y quiebras de miles de empresas.
Ahí nació precisamente la famosa Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero (1936) de John M. Keynes, que a propósito, no era Ph.D en economía pero sí profesor emérito. ¿A qué viene toda esta introducción? Simplemente a recordar que su mayor contribución al desarrollo económico posiblemente es la incorporación del concepto de “política contracíclica” como mecanismo mitigante de los ciclos económicos.

De allí nacen las ideas de conformar fondos de protección y apoyo para temporadas malas (sin plata) como mecanismos de atenuación del ciclo y minimización de los daños sociales o económicos. Aquí se unen los intereses de la teoría clásica con la vanguardista de Keynes, cuyos más relevantes ejemplos de aplicación encontramos en Chile con su fondo del cobre o de Noruega con el suyo del petróleo.