Abelardo Pachano

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Sigue el endeudamiento público. Nuevamente se colocaron 1 000 millones de bonos en el mercado; y, entre líneas, la nota gubernamental deja ver más operaciones en camino. No hay sorpresa, a pesar de su temprana colocación, pues la gestión económica mantendrá sus premisas hasta el cambio de gobierno.

La modificación de la fórmula de cálculo sobre la deuda oficial hecha hace pocos meses, ya advirtió la decisión de superar la limitación legal con un artificio estadístico. ¡Una violación más de la ley! En definitiva, más de lo mismo, sin importar lo que ocasione en el tiempo por venir. Cómo alguien fatalmente lo dijo antes y creó un antecedente funesto, la mesa no quedará tendida
.
Por otra parte, los bancos perdieron en este semana su acción de protección, planteada en un juzgado (¿?), contra la decisión de la Superintendencia de Control de Poder de Mercado, de obligarles a abrir cuentas en dinero electrónico. ¡Mala nota! Tendrán que apelar, pero la estela de este conflicto marca una línea que deja mal sabor, pues la generalización de este instrumento va dela mano con la urgencia de la caja fiscal.

En ese plano, sin justificar de ninguna manera la gestión de endeudamiento, la colocación de bonos reduce la presión del gobierno en la emisión espuria de este mal llamado “dinero electrónico” por parte del Banco Central.
Hablando de bancos y el control de mercado por parte de pocas instituciones, luego de 10 años de gestión gubernamental, es bueno repasar, por ahora sólo dos resultados globales, que permitan apreciar cuán efectiva ha sido la política monetaria y financiera aplicada con tanto denuedo, en conseguir un mercado menos concentrador.

Debe suponerse, porque así se lo ha dicho en reiteradas oportunidades, que con todos los controles, regulaciones, definiciones, intervenciones, los recursos que capta la banca estarán mejor distribuidos. El objetivo central, aunque no único, era reducir el “oligopolio” (así definido por el gobierno) bancario.
Pues bien, a fines del 2006, justo cuando el país estaba a días del inicio de este gobierno, los cinco bancos más grandes captaban el 67% de los depósitos, mientras a diciembre del 2016 (dato fresquito, recién salido del horno) reciben el 75% (¡ups!). Si se mide por la cartera, la concentración es parecida. Bueno, en realidad no podía ser otro el resultado. Pasó del 64% al 76,%. ¡Qué tal!

Consiguieron exactamente lo contrario de lo que buscaban. No hicieron caso de las advertencias. El camino del uso de la fuerza frente a incentivos racionales volvió a demostrar su inutilidad. A esto lleva la confusión entre regulación e intervención. En definitiva, profundizaron el “aparente” problema y con seguridad crearon otros.