Carlos Larreategui

¡Bien por Colombia!

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15 de May de 2012 23:57

Un embarque inicial de 4 200 cajas de flores con destino a Miami puso en vigencia el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y EE.UU. Al cabo de 8 años de complejas negociaciones, estas naciones cerraron un acuerdo que tendrá efectos positivos en el conjunto general de sus economías. Aunque los trogloditas de siempre lo nieguen, el libre acceso al mercado americano beneficiará enormemente a varios sectores productivos colombianos, particularmente los relativos a flores, textiles y confecciones. En contraparte, ciertas actividades como las avícolas, cárnicas, maiceras y arroceras enfrentarán, por primera vez, una seria competencia que obligará a mejorar la productividad y su propuesta de valor. Se calcula que el TLC creará cerca de 500 000 empleos, incrementará el comercio en un 40%, estimulará el crecimiento del PIB colombiano en alrededor del 1% y atraerá un 19% adicional de inversión extranjera.

El 5 de agosto de 2003, el representante comercial de los EE.UU. abrió negociaciones de un TLC con los países andinos. El Ecuador acometió el desafío y armó sus equipos negociadores para intervenir en las discusiones preliminares junto a sus vecinos. Tres años más tarde, sin embargo, el Gobierno de Palacio, atravesado por las contradicciones propias de su origen bastardo y sin una visión clara del contexto internacional, rompió unilateralmente las negociaciones en nombre de la “soberanía y la libertad de los pueblos”. A partir de ese momento, y bajo el influjo sutil de Hugo Chávez, el Ecuador fue tomando distancias de los mercados occidentales y profundizando su dependencia petrolera. Pocos años más tarde y bajo los mismos argumentos ideológicos y populacheros de Palacio, el Gobierno de la revolución ciudadana abandonó la mesa de negociaciones con la Unión Europea y perdió un acceso privilegiado a nuestro segundo mercado más importante. Mientras Perú y Colombia, vecinos y competidores, han comenzado a dinamizar sus economías con esos acuerdos, el Ecuador se ha quedado solo y en una condición precaria para sostener su economía dolarizada.

Algunos sectores exportadores como el de flores o brócoli han dejado de ser viables en el mediano plazo. No se requieren dotes de adivino para anticipar que actividades exportadoras como esas sufrirán una quiebra irremisible y dejarán sin empleo a decenas de miles de trabajadores ecuatorianos. Entretanto, el canciller Patiño continúa peregrinando a Venezuela para abrazar a su homólogo Maduro, anunciar grandes proyectos que nunca llegan y congratularse por la lejanía de los EE.UU., el Banco Mundial, el FMI, y todos aquellos espectros capitalistas que traumatizaron la juventud de nuestro Canciller y sus compañeros socialistas del Siglo XXI.

Qué lástima que la orgía petrolera y consumista que vivimos impida reconocer estas realidades inquietantes.