Washington Herrera

Colombia: paz con justicia social

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9 de junio de 2014 21:00

La guerrilla surgió en Colombia, hace 60 años, como una reacción a la injusticia social en campos y urbes. Sin embargo, desde entonces, la situación en materia de inequidad no se ha modificado, como demuestra un estudio de Lars Christian Moller, del Banco Mundial, sobre justicia social, que define a Colombia como uno de los más injustos países en el continente americano, lo que corrobora el índice mundial de desarrollo humano de Naciones Unidas del 2011.

Talvez por eso es que el Cardenal de Colombia, Rubén Salazar dijo que “la paz no es solo ausencia de guerra sino verdadera justicia social”. 
Entonces, si el proceso de paz no enfrenta este problema estructural, no remediará lo sustantivo y fundamental.

Esta triste e innegable realidad ha determinado que, según cifras del gobierno colombiano hay 15 millones de pobres y 4 millones de indigentes, lo que según Enrique Daza “ha sido el caldo de cultivo de toda clase de violencias: delincuencia común, narcotráfico, para militarismo y actividad guerrillera.”, por lo cual han muerto 60 mil colombianos, drama que pocos lo toman con seriedad y responsabilidad supremas en el vecino país, porque en lugar de haber unanimidad por la paz, se está utilizando esta tragedia como un pretexto para alcanzar el poder en las próximas elecciones.

Como el voto en Colombia no es obligatorio solo acuden a votar menos de la mitad de los electores y entre los que no acuden están mayoritariamente los colombianos de bajos recursos, los poco informados o aquellos que solo les importa cómo llevar el pan a su hogar, en un país tan injusto.

Por eso es que los electores aparentemente cualificados eligen a candidatos conservadores, a tal punto que hoy la disputa es entre dos políticos derechistas, en donde los liberales e izquierdistas son minorías que paradójicamente van a votar por Santos que ofrece la paz, tal como deberían actuar los abstencionistas para que èste no pierda las elecciones.

El Ecuador debe apoyar la paz de Colombia, porque deseamos un vecino que prospere consistentemente y porque las consecuencias de una guerrilla persistente serán tan fatídicas como lo fue el bombardeo ordenado por Uribe al sitio ecuatoriano de Angostura. También la paz es altamente deseable para dejar de gastar tanto dinero en las fuerzas armadas ecuatorianas desplegadas para cuidar la frontera.

Los métodos para una transición pueden inspirarse en lo bueno de la experiencia de El Salvador.
Pero lo principal, lo supremo, es frenar el desangre de nuestros hermanos colombianos, parar la guerra, a fin de que el drama humano por los muertos, heridos, refugiados y desplazados termine pronto, para que concluya el sufrimiento de tantos seres humanos que no tienen porque seguir siendo carne de cañón de los políticos colombianos.