Jorge G. León Trujillo

Colombia: fin de guerra

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21 de May de 2012 00:01

Colombia da buenas noticias a Ecuador, con la promoción en el Legislativo de una salida política a su conflicto armado. No solo porque esa guerra interna colombiana nos cuesta mucho a los ecuatorianos en recursos, esfuerzos, energías, angustias y, lo peor, en desestabilización social; sino porque la única salida posible positiva no puede ser sino política. En caso contrario, la salida de guerra y de victoria de la fuerza significará la desbandada de los armados irregulares en grupos bandoleros que de seguro encontrarán al Ecuador como el espacio más fácil para imponer sus actos. Ya lo vemos ahora, a la presión de las fuerzas regulares colombianas sobre los alzados en armas, de todas las tendencias, es a Ecuador que vienen a definir nuevos espacios de acción. Lo que le cuesta a Ecuador en destrucción del convivir no tiene precio, se destruye lo que cuesta generaciones a construir. De suplemento, una salida de fuerza no será una salida real, persistirá una guerra soterrada en Colombia; y Ecuador seguirá tratando de colmatar sus filtraciones al sur, que le cuestan desgracias de toda índole no solo sociales y económicas.

No hay espacio para escoger, lo apropiado es una salida política para Colombia y sus vecinos, Venezuela y sobre todo Ecuador.

Pero serán las condiciones de esta salida la que defina su concreción efectiva o no. En Colombia pesa su tradición juridista en el juego político, no tanto para los conflictos comunes, más bien dejados a su cuenta. Puede ser una necesaria concesión a la derecha o una elegante venia a la conciencia poner como condición para la negociación que los alzados en armas que han cometido crímenes de lesa humanidad deban ser sancionados. De hecho serían todos los dirigentes, cuando la salida política exige que ellos tengan un espacio. ¿Cómo se van a decapitar? Las mentalidades están aguando la buena noticia. ¿Hay salida política con la ley y sanción en la mano? La guerra se da porque las condiciones corrientes no permitían la acción normal, por lo mismo, se requiere la paz que implica cerrar los ojos a lo irregular de la guerra. Cuenta más la paz que otra cosa. Debería venir luego la construcción de la paz, empezando por transformar las mentalidades que prefieren la pistola al derecho, o las que no asumen la política y se protegen en la juridicidad para incrementar problemas y salidas indebidas. La compleja tarea de construir la paz exige dar la vuelta a la página asumiendo, no los desastres de la violencia de ayer, sino los problemas que los alimentan. Colombia deberá desaprender que el uso de la fuerza sea normal y que como aquella está lejos de Bogotá es cuestión de unos cuantos desalmados. Una sociedad no puede ignorar que lo que hacen los suyos es parte de su dinámica.

Pero Ecuador debe saber claramente que no puede callar sino unir voces para que Colombia conjugue hacer la paz.