Oswaldo Jarrín R.

Civismo y control social

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La ley es un instrumento para normar la conducta de los individuos y asegurar un ordenamiento social firme y estable, en función del interés social.

Resulta primordial para la reconciliación de conflictos de intereses entre los individuos y grupos sociales. Según Nathan Pound, a nivel del Estado sirve de orientación para satisfacer las necesidades de la colectividad relacionadas con la moral, identidad, seguridad, práctica de los derechos y libertades en un ambiente que promueva la autorrealización, la convivencia y el progreso social.

Pero la sola existencia de la ley, no es suficiente; porque, además de ser sancionada por el Estado a través del ente Legislativo, requiere estar respaldada por medios específicos de coerción relacionados con el ejercicio del poder político constitucionalizado.

Asimismo, no obstante que la ley es un instrumento de control social, no puede ser el único, considerando que en una sociedad políticamente organizada, el control social debe ser visto más bien como la capacidad de ordenar las relaciones sociales en términos de satisfacción de las demandas de la sociedad; para proveer un orden social sin amenazas de la fuerza o de violencia, logrando cada vez mejores niveles de cohesión social, unidad nacional y de consensos que favorezcan la armonía social y la integración.

Todo uso excesivo de violencia en cualquiera de sus manifestaciones, como la violencia verbal, exageración judicial y propaganda masificada, genera un clima de desconfianza, intimidación, división social que coarta el ejercicio de la ciudadanía como parte del proceso político democrático en un Estado usualmente denominado como garantista y de derechos.

Los derechos y libertades ejercidos por la ciudadanía deben ser conservados mediante una práctica permanente, complementándose con la acción de instituciones que los garantizan como la Asamblea Nacional, Fiscalía General, Defensoría del Pueblo y las que los protegen, como las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional y otras como las educativas que, en conjunto, cultivan el civismo.

Fomentándose el autocontrol social basado en el respeto a la ley, se genera un compromiso con la sociedad y la patria, al mismo tiempo que se reduce el control social represivo.

El civismo contribuye a formar una personalidad que sintetice los valores sociales con cualidades como la lealtad, ética, honestidad, solidaridad, tolerancia, seriedad y responsabilidad.

El respeto a los símbolos patrios, a la historia, tradiciones y a la institucionalidad es un ejercicio de civismo que aporta al orden social y a la convivencia armónica y solidaria.

Un control social, excesivo y amenazante, que menosprecia la celebración, práctica y cultivo del civismo, conduce a un Estado intervencionista, intolerante, coercitivo, tiende a la inestabilidad política antes que a la consolidación de la democracia.

Columnista invitado