Miguel Rivadeneira

Cinismo y audacia sin límites

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La corrupción y la mala conducta de quienes protagonizaran la década de la revolución ciudadana evidencian, por los hechos puestos al descubierto con pruebas, las peores prácticas de la política, mucho más graves que el pasado que tanto denostaron hasta llegar al poder, destruir la institucionalidad y acomodarse a los insaciables deseos de sus corazones ardientes, pero de ambiciones desmedidas.

Amparados y protegidos por el mayor depredador del país, que aupara y defendiera sin escrúpulos ni vergüenza a ex ministros y funcionarios sentenciados por corrupción, por los que aboga pese a las evidencias de las pruebas.
Desde el comienzo fue a visitar a la cárcel a su ex ministro jefe de los come cheques. Igual indultó a sentenciados por corrupción mientras perseguía, enjuiciaba y encarcelaba a dirigentes sociales, indígenas, veedores, investigadores, periodistas.
Él es el responsable de todo.

El mayor cinismo y audacia sin límites se evidencia cuando el ex Presidente argumenta que no conocía nada, ni se enteró de los documentos ni las cartas dirigidas a su nombre (caso Singue), cuando él controlaba absolutamente todo. Empero, queda en evidencia que tanto acto irregular, tanto mal ejemplo para facilitar estos hechos detestables, se ocultaba con la seguridad de que nunca nadie iba a destapar ni investigar.

Perdieron toda calidad moral, si la tuvieron. Los grandes se volvieron pequeños de espíritu, de alma y de ética. Los pequeños con poder se volvieron prepotentes y se creyeron gigantes, pero para su beneficio personal con su doble discurso. Controlaban a su antojo instituciones uniformadas. Solo quedaron al descubierto por diálogos reservados vergonzosos entre autoridades y prófugos de la justicia. Pretendían echar abajo al Fiscal cuando se desarrollaba el juicio penal contra el vicepresidente de la República y otros funcionarios del correísmo.

Lo grave de hoy y que se debe cuidar con rigurosidad es la depuración de los entes de control y del órgano de la justicia, hoy encargado al Consejo Transitorio, frente a la desesperación de todos los involucrados y aquellos que saben lo que hicieron y tienen la conciencia intranquila y sucia. A ellos les gustaría, por ejemplo, sacar rápido del camino al Contralor Subrogante porque les ha destapado lo que han hecho en el correísmo con recursos públicos. Igual, tomarse la Fiscalía en donde hay tantas investigaciones, procesos en marcha, otros por iniciarse. Y todavía falta muchísimo más: los contratos con China, las irregularidades en la contratación de la deuda. El autoritario que gobernara la década ya dijo que había que sacarle al Contralor porque le quieren llevar a la cárcel. Seguramente, lo único sincero que dice porque así le dicta su conciencia, cree que por todo el mal que ha hecho ese es el lugar que le corresponde.