Milton Luna

Cinismo

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¡Cuánto aguante! Les dicen pestes y no se inmutan. Salen a la calle, van a la TV, como si nada. Al contrario, lo justifican todo con una tranquilidad pasmosa. No les preocupa el presente ni el futuro. Se creen atemporales. Piensan que siempre estarán en situación de privilegio. Es como si su piel se hubiera engrosando como la de los elefantes. Nada, aparentemente, les hace mella. Ni lo que piensen sus hijos, padres o parejas.

¿Quiénes son? Son una clase de políticos, que mientras más cercanos al poder pareciera que pierden la sensibilidad, la vergüenza, la cabeza. La lengua española inventó un término para definir el estado de estas personas, se llama cinismo. La Real Academia lo define así: “Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables…Impudencia, obscenidad descarada…Doctrina de los cínicos, que expresa desprecio hacia las convenciones sociales y las normas y valores morales…”.

Mirado este fenómeno desde fuera, por personas normales, pero inteligentes y comprometidas con los intereses colectivos, la política produce terror. Allí la explicación de por qué grandes personalidades no se meten en el mundo de la política. Su alejamiento deja el vacío para los sin escrúpulos.

¿Es posible hacer política honesta y como servicio a los demás? Sí. Hay experiencias históricas de dirigentes íntegros y decentes.

Cuando hubo alguna denuncia a su gestión, no persiguieron a los denunciantes. Más bien, no dudaron en transparentar su vida y patrimonio; o si a algún colaborador se le fue la uña en algo, lo pusieron patitas en la calle, y lo llevaron de la oreja a la justicia, a una justicia independiente, por supuesto.

El crecimiento del cinismo es directamente proporcional al aumento del autoritarismo, a la concentración de poder y al debilitamiento de las capacidades de la sociedad civil.

Un país donde el cinismo se ha tomado lo público y lo político, es un país en descomposición. Sí, el Estado se enferma y descompone cuando hay acumulación y prolongación en el uso del poder. En un tiempo extenso, este poder concentrado, se auto referencia y adquiere formas autoritarias que debilitan a la sociedad, a sus mecanismos de control. Crece el miedo. Su voz se calla. En el 2016, según el Latinobarómetro, Ecuador lideró la autocensura en América Latina.

Frente a esto la humanidad, luego de revoluciones, creó la democracia como solución. Democracia que significa delegación temporal de la sociedad de su soberanía y poder a sus representantes. Estos, a su vez hacen uso de él con harta honradez en el uso de los recursos públicos.

Si Ecuador en el 2017 quiere salir del cinismo y la descomposición debe construir democracia, equilibrar la relación sociedad-Estado.

mluna@elcomercio.org