Carlos Alberto Montaner

Cigarras y hormigas

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13 de December de 2011 00:02

Esopo regresa a Europa a lomo de la crisis. Para explicar el descalabro del euro, originado por una descomunal deuda pública adquirida por la banca, los expertos recurren a su fábula de la hormiga laboriosa y precavida que guarda alimentos para el invierno, mientras la fiestera cigarra se divierte hasta tener que pedirle ayuda a su vecina.

Los diarios contrastan a las hormigas del norte –Alemania, Holanda, los países escandinavos— con las cigarras mediterráneas: Portugal, España, Italia y Grecia. Francia es un híbrido: mitad hormiga y mitad cigarra. (Descripción que encaja en su dualidad étnica: provienen de una tribu germánica, los francos, que fueron latinizados.

¿Es cierta esta dicotomía? Humberto Aguas, experto en productividad empresarial, lo matiza: “Todos somos una mezcla variable de hormigas y cigarras”. La cultura en la que nos desenvolvemos lo determinará. Incluso, en una misma nación varían estas proporciones.

Los alemanes del sur tienen más de cigarra que los del norte. Como se dice de los andaluces en relación con vascos y catalanes o de los colombianos costeños comparados con los de Antioquia. Parece que la tendencia natural de nuestra especie es la de la cigarra: vivir al día sin prever el futuro.

Francia y Alemania creen que pueden forzar a las cigarras a comportarse como hormigas. Ambos países parecen empe-ñados en querer salvar al euro. Entre los dos poseen un PIB de más de cinco billones de dólares e hicieron bien sus deberes macroeconómicos.

Eso les permite dictar la pauta entre los 17 Estados que comparten moneda.

¿Podrán disciplinar a italianos, españoles, griegos y portugueses en el terreno fiscal? ¿Lograrán, en su momento, que polacos, búlgaros y rumanos, países que tienen (o tenían) previsto adoptar el euro a corto plazo, se comporten según dictan las reglas del Banco Central Europeo?

Supongamos que sí. Pero eso es sólo una parte del problema, y tal vez ni siquiera la más importante.

Es perfectamente posible tener una economía razonablemente organizada, con pleno empleo y un mínimo déficit fiscal y, sin embargo, producir relativamente poco y carecer de impulsos innovadores. Al morir Franco en 1975, España ya era un país de clases medias que alcanzaba el 80% del PIB per cápita de la entonces Comunidad Económica Europea, pero su aparato productivo, comparado con las naciones punteras —las mismas hormigas de siempre— era mediocre y escasamente creativo.

En definitiva, ¿pueden las cigarras transformarse en hormigas? Tal vez, si le preguntáramos a Esopo, nos contaría la historia de la rana que, cansada de sus dimensiones ridículas quiso convertirse en buey. Para lograrlo, comenzó a inhalar aire para inflarse hasta tener el tamaño del cuadrúpedo, pero acabó estallando en pedazos.

Moraleja: es muy peligroso tratar de convertirnos en lo que no somos.