Reinaldo Páez

“Chullas y bandidos”

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Dos grupos infantiles: uno con sombreros y pañuelos que cubren la nariz, la boca y la mitad inferior de la cara, el otro con sombreros, rostros descubiertos. Los primeros son los bandidos y los segundos los chullas. Los primeros los delincuentes, los segundos los justicieros: los malos y los buenos, los pillos se esconden, los buenos los buscan, si los encuentran los encierran en la cárcel (un sótano o buhardilla), todos son niños y partícipes de este juego.

La biblia y los libros sagrados, las novelas de suspenso y las policíacas describen este permanente enfrentamiento entre el bien y el mal, extremos antagónicos en la humanidad.
La delincuencia usa el disimulo, la sorpresa y tiene diligentes la distracción, la mentira y la justificación convincentes para confundir y engañar a la sociedad a la que perjudica.

La persona honesta que se esfuerza por desenmascarar al delincuente, lucha permanentemente para erradicar el delito y librar a la colectividad del lastre delictivo, porque no admite que el trabajo y el sudor de la gente de todos los estratos sociales (campesinos, obreros, jornaleros, oficinistas, tecnólogos , banqueros, administradores y profesionales), que contribuyen con sus tributos al crecimiento económico del país, en espera de la retribución del Estado en bienestar social, en salud, educación y obras públicas, sean hurtados por los esquivos truhanes, directamente o a través de comisiones o coimas, que los enriquecen a cambio de la pauperización ciudadana. Los malhechores que respaldaron a funcionarios que delinquieron y que fueron usufructuarios de sobreprecios en construcciones civiles, en carreteras, en adquisiciones de ambulancias, helicópteros, medicamentos, equipos, repotenciaciones de refinerías, en mega obras inconclusas y que se enriquecieron en forma injustificada ágil y acelerada, conformaron el equipo de los bandidos. Los periodistas Gonzalo Rosero, Thalía Flores, Diego Oquendo, Miguel Rivadeneira, Carmen Andrade, Juan Carlos Calderón, Cristian Zurita, los miembros de la Comisión del Control Cívico Anticorrupción; los decididos denunciantes Kleber Jiménez, Fernando Villavicencio, el asesinado general Gabela, Las Mesas de Convergencia de Boris Cornejo y pocos más; en capítulo aparte, el estoico, valiente político César Montúfar, sacrificado y solitario acusador particular del apresado Vicepresidente, honran al país al integrar el grupo de investigadores (chullas) que, con su lucha, rescatan la dignidad hollada por los estafadores inescrupulosos que no entienden que el pueblo les ha identificado y aunque desesperan en búsqueda del silencio de sus cómplices, inclusive con viajes intercontinentales, tendrán que rendir cuentas y devolver las inconmensurables sumas de dinero que bien habrían servido para superar la pobreza de nuestra gente, su educación , su salud y su bienestar general.