Abelardo Pachano

China y su sistema financiero

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5 de July de 2013 00:01

En un artículo anterior reflexionamos sobre los cambios que se aprecian en los mercados internacionales. Ahora hay más evidencia de ello, a pesar de lo cual todavía nadie puede asegurar que las cosas son distintas. La incertidumbre sigue merodeando las decisiones. Demos una rápida revista a un tema particular cuya connotación remarca una de las características de las crisis modernas: se conducen o evidencian por el campo bancario.

Preocupa la situación del sistema financiero chino. No hay mucha transparencia. Se sospecha que la morosidad crediticia real es superior. Destacan transacciones cuyos riesgos son difíciles de medir por su escasa información. Se habla con mayor amplitud de la posible existencia de una burbuja crediticia cuyas características iniciales podrían semejarse a las del sistema bancario de los EE.UU., ocurridas en los años 2007 y 2008.

La revista The Economist en su número del 29 de junio se suma al grupo de comentaristas que encuentra algunos indicios de semejanza, de manera particular por el enorme crecimiento del crédito -calificado de excesivo- que ha llevado su relación con el PIB del 125% en el año 2009 a los linderos del 200% en el año que decurre. Mucho de este financiamiento se realizó con operaciones poco visuales del sistema financiero -coincidencia con lo ocurrido en los EE.UU. y en Europa- y que finalmente llevó a una situación también conocida: el aparecimiento de un sentimiento de temor sobre la solvencia del sistema que drenó la liquidez del mercado interbancario chino cuya respuesta inmediata (hace pocos días) fue poner la tasa de interés entre bancos en el 25% y trajo secuelas en los mercados de capitales, en especial el de Shanghái.

Hasta aquí los parecidos. La diferencia en la evaluación radica en la estructura de propiedad del sistema chino y la forma de resolver los problemas. Lo hacen preservando nominalmente el patrimonio estatal y actúan de una manera ordenada para minimizar el daño en la organización y no alterar (¿mucho?) el trabajo de la economía china. De ahí que habrá de esperarse acciones progresivas del Gobierno, de orden monetario y fiscal, encaminadas a sofocar las causas y asumir los costos de esta burbuja sin caer en una situación de baja gobernabilidad en el mercado .

El efecto previsible es la reducción del crecimiento del PIB con un financiamiento menor, mayores tasas de interés y seguramente nuevos tributos específicos. Difícilmente China regresa a la ruta de expansión del 10% que la mantuvo por muchos años. De hecho, se piensa que podría sostener una tasa del 7% el 2014 y los siguientes, que es el límite inferior necesario para soportar los índices sociales.

Los cambios corrigen errores.