Stephen Roach

¿China, el próximo Japón?

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A pesar de que se profundizan las preocupaciones sobre la economía de China, el país no se encamina hacia “décadas perdidas” de estancamiento al estilo japonés. Y, sin embargo, una ambigüedad preocupante nubla este veredicto. El destino de Japón fue sellado por su renuencia a abandonar un modelo de crecimiento disfuncional. Si bien China se distingue de Japón por haber adoptado el reequilibrio estructural, este país está esforzándose por poner en práctica dicha estrategia. A menos que los esfuerzos de China tengan éxito, los resultados podrían ser similares.

La misma conclusión se desprende de un seminario sobre “Las lecciones de Japón” que he enseñado en Yale durante los últimos seis años. El curso es sobre macroeconomía forense – en el curso se destilan lecciones clave sobre la subida y la caída de la economía japonesa moderna.

El seminario culmina con trabajos de investigación realizados por los estudiantes, trabajos que están dirigidos a determinar qué países serían candidatos a ser el próximo Japón. Tan recientemente como el 2012, EE.UU. se presentaba como la opción favorita, ya que este país luchaba por recuperar su posición tras la gran Crisis Financiera del 2008. No es sorprendente que, al llegar el 2013, el enfoque se desplazara a la Europa maltratada por la crisis. Pero este año, más de la mitad de los estudiantes en el seminario (13 de 23) eligieron examinar si China podría ser el próximo Japón.

Un entorno académico ofrece un laboratorio intelectual maravilloso. Sin embargo, un par de viajes rápidos a China después del final del período de primavera me dieron una perspectiva diferente. En extensas conversaciones con funcionarios, líderes empresariales, académicos e inversores de la China, encontré un gran interés en las lecciones de Japón y cómo dichas lecciones podrían influir en el enigma de China.

El siempre presente tema favorito de discusión fue la deuda. La deuda no financiera de China ha aumentado de 150% del PIB en el 2008 al 255% hoy en día, concentrándose dos tercios de dicho aumento en el sector empresarial, en su mayoría empresas de propiedad estatal (EPE). La deuda rápidamente creciente de China, que es el mayor ahorrista del mundo – con un nivel de ahorro interno bruto promedio de 49% del PIB desde el año 2007 – no es sorprendente para nada, ni para nadie.

La comparación de Japón es especialmente instructiva en la evaluación de los riesgos de crecimiento intensivo de la deuda, en casi el 390% del PIB a finales del año 2015, el ratio de deuda de Japón es mayor en unos 140 puntos porcentuales en comparación con el de China. Pero, debido a que Japón tiene una alta tasa de ahorro – un promedio de 24% del PIB desde el 2007 – básicamente debe pagar a sí mismo, significa que no es vulnerable a la fuga de capitales.

Ya que desde el año 2007 la tasa de ahorro de China dobla la de Japón, esta conclusión es aún más pertinente para su economía intensiva en deuda.