Carlos Alberto Montaner

Chávez nuestro que estás en el cielo

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9 de September de 2014 00:05

Los chavistas lanzaron un padrenuestro: “santificado sea tu nombre”. ¿“San Chávez”?

Los venezolanos “pata en el suelo” son dados a pedirles milagros a desaparecidos como el torero César Girón, el médico José Gregorio y el malandro Marchena, delincuente despachado con 180 balazos. Incluso a Juan Vicente Gómez, dictador que mató a 200 venezolanos, pero tuvo la cortesía de reemplazarlos con 200 hijos ilegítimos como prueba de sobrenatural potencia inguinal.
Chávez, además, realizó en vida milagros que podrían ayudarle a alcanzar los altares:

Destruyó la industria petrolera. Tarea nada fácil tras un siglo de constante crecimiento. Multiplicó por 4 los asesinatos en Caracas, como si fueran los penes y peces que cita Maduro, exégeta del Nuevo Testamento.Invirtió la migración. Durante décadas el país recibió a millones de inmigrantes dispuestos a succionar las venas abiertas venezolanas. San Chávez logró que millón y medio de venezolanos educados salieran al extranjero con la misma vampiresca tarea.

La piadosa oración estrenada en un congreso chavista, además de ubicar al líder en el cielo, lo localiza “en la tierra, en el mar y en nosotros, los y las delegadas”. Aquí hay gato encerrado. ¿Por qué Chávez no está en el río Orinoco o en el lago Maracaibo, que a veces tiene tiburones, como la cúpula chavista? ¿Por qué esa concordancia “los y las delegadas”? ¿Cuántas millonas asistieron al congreso para alterar la gramática?

Pienso que el padrenuestro chavista se popularizará entre los cada vez más numerosos pobres. Lo proclamó ese brillante teólogo venezolano de la liberación y gobernador del estado Aragua, Tarek El Aissami: “Mientras uno más consigue pobreza, hay más lealtad a la revolución y más amor por Chávez. Mientras el pueblo es más pobre es más leal al proyecto revolucionario”.
Exacto. Por eso, quizá, del padrenuestro chavista desapareció cualquier alusión al “pan nuestro de cada día”. Los devotos revolucionarios no le piden a Chávez ni siquiera una arepa. El pan es una detestable expresión de la Cuarta República. Por eso desapareció de los supermercados, junto al pollo, la carne, la leche y la mantequilla, esos agentes del imperialismo.

La sociedad necesita bienes inmateriales. El padrenuestro chavista dice: “Danos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, más líbranos de la maldad de la oligarquía, del delito, del contrabando, porque de nosotros y nosotras es la patria (¿por qué no el patrio?), la paz y la vida. Por los siglos de los siglos, amén. Viva Chávez”.

El capitalismo y la oligarquía son sinónimos de asquerosos bienes materiales, de papel tualé, supermercados abastecidos de elementos que pervierten al pueblo. Hay que volver a la tradición cristiana de Simón el Estilita, que estuvo 37 años encaramado en una columna en el desierto para escapar de las tentaciones mundanas.

El Estilita, bien mirado, fue el primer chavista de la humanidad.