Carlos Alberto Montaner

Rápido, llamen a Voltaire

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Tres fanáticos islamistas penetraron en la redacción de una revista satírica en París, asesinaron a 12 personas. Una verdadera carnicería.

Mientras disparaban gritaban que vengaban a Mahoma y que Alá era grande. La revista, Charlie Hebdo, había publicado dibujos que consideraban blasfemos. Desde su perspectiva, se percibían instrumentos de la virtud religiosa luchando contra los infieles.

En realidad, Charlie Hebdo no era particularmente antiislámica. El humor satírico siempre es contra alguien. Igual se burlaba del Papa, el Presidente y el sursuncorda.

El peor fanatismo es el religioso. Cuando alguien está seguro de tener a Dios de su lado no le tiembla el pulso. Lo vimos en París. A veces un libro sagrado, la Biblia, es punto de partida de tres religiones distintas, engendradas por el padre Abraham: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo.

Cuando hay muchos dioses, como en el hinduismo actual o el Olimpo griego, y tradiciones orales borrosas, existen menos motivos para las persecuciones religiosas. Los hombres suelen matarse por otras cosas.

En la Europa cristiana medieval y en la renacentista, solían taladrar las lenguas blasfemas si la ofensa era general, pero imponían la hoguera si se cuestionaba, por ejemplo, el dogma del Espíritu Santo.

A Cayetano Ripoll, última víctima de las autoridades cristianas, lo mataron en Valencia en 1826 acusado de “deísta”. Ocurría medio siglo después de iniciada la revolución americana y de que James Watts perfeccionara la máquina de vapor.Ripoll era un maestro que despedía sus clases diciendo “Alabado sea Dios” en lugar de “Ave María purísima”. Algo que sus jueces consideraron gravísimo. Como incinerarlo en la hoguera parecía excesivo, lo ahorcaron, pero pintaron unas llamas al barril donde fue enterrado. Los blasfemos debían consumirse en las llamas del infierno.Esa barbaridad ocurrió hace dos siglos. Hoy, el código penal de Pakistán depara la muerte a quienes ofendan a Mahoma.

A la campesina cristiana Bibi Asia la condenaron a la horca por beber agua del mismo cazo que sus compañeras musulmanas, y por defender a Cristo en la trifulca donde gritó: “Cristo murió en la cruz por salvarnos, ¿qué sacrificio hizo Mahoma por la humanidad?”. Un Ministro y un gobernador que pidieron clemencia para ella fueron asesinados. Allí no se andan con chiquitas.

La calidad de una sociedad también se mide por la tolerancia ante la irreverencia. Los tiranos no aceptan las burlas. Hitler, Stalin, Franco, no permitían caricaturas que los ridiculizaran. La primera publicación que clausuró Fidel Castro fue el semanario humorístico Zig-Zag. A partir de ahí se liquidó la libertad de prensa en Cuba.

El peor síntoma del extremismo islámico es la intolerancia. Se ha dicho muchas veces, pero es cierto: mientras en las sociedades islámicas no penetre y triunfe el espíritu de la Ilustración –suelto en el mundo desde el siglo XVII--, no hay nada que hacer. Necesitan urgentemente un Voltaire que les sacuda la conciencia.

Carlos A. Montaner