César Montúfar

La ruta del caudillismo

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14 de julio de 2014 00:00

La semana pasada el CNE borró del registro electoral a cuatro organizaciones que han tenido una importante participación en la política nacional en las últimas décadas.

El MPD, más allá de los acuerdos o desacuerdos que podamos tener con su línea, ha sido una estructura nacional, con una base social representativa, y una propuesta ideológica de izquierda radical y contestataria. No se puede olvidar que el MPD fue puntal del proyecto correísta en su fase inicial y la única organización que tiene una vida orgánica de carácter partidario.

El PRE, la otrora fuerza de los pobres, fue la encarnación de la más idiosincrática política populista del país desde el retorno a la democracia y, sin duda, una fuerza principal en el escenario nacional de los ochenta y noventa.

Sin el PRE sería imposible interpretar el derrumbe del Régimen político anterior, siendo además, que gran parte de sus bases son hoy contingente de la base de apoyo popular del oficialismo, sobre todo en la Costa. El Prian, otra expresión del populismo ecuatoriano en su versión derechista, tuvo un triste papel distorsionante de la política nacional desde finales del siglo pasado, pues gracias a las debilidades de su candidato presidencial fue posible el triunfo de Lucio Gutiérrez en 2002 y de Rafael Correa en 2006.

El actual Presidente de la República le debe mucho al líder el Prian; es único contendor con el que Rafael Correa realmente se ha enfrentado. Y, finalmente, Ruptura, único movimiento de los tres y en el que la decisión de descalificación del CNE es ilegal, se destacó como un referente de renovación generacional e ideológica de la política ecuatoriana en los últimos años que, sin embargo, fue partícipe de la construcción y consolidación hasta el 2011 del proyecto dominante, lo cual deja a sus militantes en deuda con el país en perspectiva de contribuir a desmontar el modelo de concentración de poder que ayudaron a crear.Es curioso que AP se haya nutrido de la estructura orgánica, las bases populistas, las debilidades del líder o de las ideas renovadoras de cada una de estas cuatro organizaciones hoy eliminadas.

AP sin duda se ha levantado sobre muchos movimientos y estructuras preexistentes, aunque jamás lo reconozca. Es más, el esquema caudillista que nos gobierna se ha alzado sobre la demolición de todas las estructuras políticas anteriores. Por ello quizá la escasa repercusión que ha tenido en la sociedad la desaparición de estas organizaciones políticas y otras que les precedieron, la ID y la DP entre las más importantes. Aquello es manifestación de la extrema personalización en que ha devenido la política ecuatoriana, a tal punto que los partidos se han evaporado totalmente del imaginario del público.

La referencia ciudadana en política hoy se asienta solo en las personas, ya no en las organizaciones. El problema es que si bien la política electoral requiere de líderes, si solo aparecen ellos sin las estructuras de las que provienen, la democracia naufraga en el caudillismo.

Aquel pareciera ser el camino ineluctable de la política en nuestro país.