14 de May de 2010 00:00

Un centenario

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Enrique Ayala Mora

Por varias décadas fue una figura política de primera línea; un personaje polémico sobre quien la gente tenía siempre actitudes definidas; un ideólogo con gran influencia en varias generaciones; un político luchador y honrado, de convicciones firmes; un católico practicante y apegado a su iglesia.

Jorge Luna Yepes nació en una familia de hondas raíces religiosas y sentido nacional. Se formó en la tradición confesional y militó desde su juventud en el Partido Conservador, en los años en que se enfrentaba al predominio liberal y sus malas artes de control electoral. Pero se distanció de las políticas del conservadorismo y terminó por incorporarse al movimiento ARNE, que se iniciaba a mediados de los cuarenta.

El trauma de la derrota de 1941 y la firma del Protocolo de Río de Janeiro en 1942 habían impactado a una generación y con eso se gestó ARNE, un movimiento político de derecha que, por una parte, era una ruptura con el pasado, y por otra, seguía las tendencias del fascismo que dominaba entonces en varios países.

Luna Yepes formuló la ideología arnista y se dedicó a fondo a la organización de su movimiento, con la influencia del falangismo que entonces se imponía en España con Francisco Franco como caudillo. Consideró una de sus tareas fundamentales combatir agresivamente a la izquierda y al movimiento laboral influenciado por ella. Condujo a ARNE a la confrontación. Fue legislador por varios períodos y colaboró con los gobiernos de Velasco Ibarra y Ponce Enríquez.

Más allá de sus tareas políticas y jurídicas, Luna Yepes se dedicó a la docencia de historia patria y produjo varios escritos historiográficos, que tuvieron mucha influencia, precisamente por su visión nacional.

Al desarrollar las propuestas ideológicas de ARNE, Luna Yepes se enfrentó con la cuestión nacional. Y planteó al nacionalismo como eje de su propuesta política. Por ello, más allá de las posturas coyunturales, se debe reconocer que realizó una gran contribución al pensamiento sobre la Nación ecuatoriana que, por otra parte, tuvo importantes propulsores de izquierda como Humberto García Ortiz y Benjamín Carrión, entre otros.

En los procesos de hace 60 años se encuentran profundas contradicciones en la derecha arnista y la izquierda socialista, que se extendieron a muchos campos del pensamiento y la acción pública. Pero hay un punto de encuentro entre esas dos posturas: un nacionalismo que ha influido poderosamente en la identidad del Ecuador hasta nuestros días.

Si hubiera vivido en los tiempos de Jorge Luna Yepes, mi postura me habría llevado a ser su adversario. Pero ahora que se cumplen 100 años de su nacimiento, con la perspectiva que dan el tiempo y las diferencias asumidas, se puede valorar su empeño por hacer del nacionalismo uno de los rasgos de la identidad del país.

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