17 de August de 2010 00:00

La cena está servida

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Danilo Arbilla

Parecería que los presidentes colombianos cuando abandonan el poder tienen la sana costumbre de dejarle resueltos los temas más ríspidos a su sucesor.

Fue el ‘sacrificio’ del presidente Andrés Pastrana, que se dejó ‘ burlar’ por Tiro Fijo y sus FARC, el que dio vía libre a la política dura de ‘seguridad democrática’ de Álvaro Uribe. Era preciso probar con la ingenuidad negociadora de Pastrana, quien hasta “entregó” territorio a la narcoguerrilla, que a las FARC no les interesaba negociar ni ningún tipo de paz. Era el paso previo e imprescindible para borrarle la imagen de luchadores sociales y desenmascararlos como narcoterroristas y quitarles el apoyo externo, en especial de Europa. Las FARC pasaron a integrar la nómina de organizaciones terroristas y se quedó solo con las simpatías y cierto apoyo activo de Chávez y algunos de sus amigos más allegados.

Es innegable que estos ocho años fueron duros para los terroristas. Y si no fueron peores fue por el ‘desahogo’ de las fronteras: Venezuela y Ecuador, Y sobre esto no es necesario abundar. De haber tenido Colombia otros vecinos, se habría avanzado más para acabar con el conflicto.

Las fronteras fueron la materia pendiente. Y Uribe se sacrificó. Es lo que explica la arremetida en la semana última de su gobierno que a tantos sorprendió. Muchos pensaron que era algo contra el presidente Santos. Una trampa, una venganza. En alguna medida como que Uribe al irse afeó su imagen.

Eso sí nadie dijo que la denuncia de Uribe fue un invento. Nadie consideró descabellada una investigación. Se entendió que era una denuncia seria. Las pruebas y testimonios probando el apoyo de Chávez a las FARC -sus propias declaraciones, las armas suecas, el juicio en España-, volvieron al tapete y fueron reforzadas por las denuncias de Uribe. Eso quedó claro para todos. Álvaro Uribe acorraló a Hugo Chávez.

Paralelamente Uribe catapultó a Juan Manual Santos como el hombre moderado, centrado, responsable.´Dos años antes,Santos era señalado tanto por Chávez como por Correa , como el halcón, el hombre de los EE.UU., el procesado y reclamado por la justicia ecuatoriana.

Uribe dejó la mesa puesta y en esa mesa se celebraron los acuerdos, expresos y tácitos, entre Colombia y Venezuela, entre Colombia y Ecuador y entre Colombia y otros países de la región, por los que se cierran las fronteras a la narcoguerrilla. Tanto es así que el atentado contra Radio Caracol de hace unos días ha sido calificado de ‘acto terrorista’ y condenado en forma unánime por todas los países de Sudamérica, EE.UU., México y la ONU, cosa que nunca antes había ocurrido. El escenario ya es otro.

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