Enrique Echeverría

Salud mental y celos

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El nuevo Código Penal Integral legisla un caso novedoso: la violencia psicológica contra la mujer o miembros del núcleo familiar (Art. 157). Lo define con estas palabras: “La persona que como manifestación de violencia contra la mujer o miembros del núcleo familiar, cause “perjuicios en la salud mental” por actos de perturbación, amenaza, manipulación, chantaje, humillación, aislamiento, vigilancia, hostigamiento o control de creencias, decisiones o acciones, será sancionada de la siguiente manera: (señala en detalle las sanciones).

A la Justicia han presentado 2 814 casos de violencia psicológica. Se ha sentenciado uno. La perito, en ese caso, ha concluido que la agredida tiene una afectación emotiva “severa”; tanto que a pesar de intervención especializada no se ha logrado revertir los daños.

La información de este Diario se ilustra con una fotografía que intitula: “Femicidio: es el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género”; y una leyenda adicional: “¡Cuidado! el machismo mata”.

Recoge un fenómeno muy común: el marido, o la pareja, o el amante golpean a la mujer, en ocasiones con brutalidad, al extremo de que el examen médico legal deja verla con hematomas en casi todo el cuerpo. Algunas acuden ante la autoridad, se inicia el procedimiento; y solo unos días después, la misma maltratada acude para decir que “ya le he perdonado”.

Para el perdón utiliza argumentos bastante convincentes: quiere evitar la ruptura de la unión; hay que atender las necesidades económicas de los hijos; el agresor ha pedido perdón y ha jurado que no volverá a actuar de igual manera, etc., etc.

El nuevo Código establece como principio de responsabilidad causar “perjuicio en la salud mental”. Se entiende, pues, que no está legislando sobre enfermedad mental proveniente de la pasión de los celos.

En la Universidad Central nos enseñaron que la base psicológica de los celos es la desconfianza personal. El orgulloso paranoico desea dominar y engrandecerse porque se siente dominado y pequeño; la aparición del estado de celos en el curso de un amor depende además de circunstancias como el grado de seguridad o suficiencia del enamorado. Las manifestaciones agresivas del celoso se traducen, primero, en violencia verbal; prosigue en violencia física de menor gravedad, la cual va en ascenso.

Avanzando un poco, el celoso duda de todo, reclama por todo y acompaña su reproche, solo imaginado por él, con creciente maltrato físico, hasta llegar al extremo de dar muerte a la mujer.
Desde esas lecciones hasta hoy, con los progresos de la psicología quizá estos conocimientos ya no son válidos, pero en todo caso deben ser tenidos en cuenta.

Desde luego, si la mujer no puede cometer femicidio, hay ocasiones en que da muerte al marido o compañero y comete homicidio, igualmente grave.