Milton Luna

Ceguera, sordera y miopía

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Estudiantes de una universidad conversan. Pablo, irrumpe: Yo estuve en la marcha del 19 M y constaté que decenas de miles personas desfilaron por las calles de Quito y que más de una vez llenaron la Plaza de San Francisco… sin embargo, no entiendo la reacción del Gobierno al minimizar la marcha, calificarla de fracaso, e incluso, con tanta certeza dar datos a todas luces errados como que en San Francisco estuvieron 4 500 personas.

Uno se cuestiona si los informes que emiten los aparatos de inteligencia, reforzados con drones y filmaciones de un helicóptero, le están dando la información cabal al Gobierno.

Martín contesta: Sí, es por demás extraño quecon tanta información se salga a dar datos irreales; mas hay que acordarse que esto no es nada nuevo en política… la reacción del Gobierno responde a una vieja lógica… minimizar la acción del otro, para conservar imagen y poder.

Yazmín interviene: Pero tal lógica del poder es obsoleta a estas alturas de la revolución de la información. Recuerden que mientras el Estado tiene drones, la sociedad, los manifestantes tienen miles de celulares con cámaras, cuyas fotos y filmaciones, las suben casi en tiempo real a las redes sociales, cuya eficacia es mayor que cualquier medio de comunicación. Y aquí fracasó el Gobierno, y sus aparatos de inteligencia quedaron pésimo.

Consecuencia: la imagen del poder se fue al piso.
Emilio participa: Sí, el Gobierno perdió no solo credibilidad, sino respeto. Cada una de sus afirmaciones (cuatro pelagatos, infiltración de la CIA,) fueron respondidas con argumentos, fotos, y sobre todo burla y humor. Miren algunas cosas que se pusieron en las redes: :“Sí, fuimos cuatro pelagatos, pero cada uno llevamos veinte mil”; “Peligro de desmanes en el estadio… la CIA infiltró la barra del Aucas”… “Un dogmático de izquierdistas llega a su casa y encuentra a su mujer haciendo el amor con otro hombre… sale enfurecido a la calle a gritar: ¡abajo el imperialismo!”.

José insiste: Tal vez hay algo más. El Gobierno se autoengaña sin saberlo. Inventa tantas ficciones que termina creyéndolas verdaderas. De hecho, el poder inventa tradiciones, discursos, mitos, ritos para reforzar su poder y capacidad de control. Recuerden, este fenómeno fue descubierto por el famoso historiador inglés Eric Hobsbawm y lo denominó “invención de la tradición”.

Otra vez Pablo: Que el Gobierno, consciente o inconscientemente, no quiera ver el aumento del descontento, es su problema. El problema para el país es que los descontentos y la crisis no tengan salida, ya sea por la ceguera y sordera del Gobierno, o por la miopía, de críticos y opositores, de izquierdas y de centro, de no disponer de una estrategia anticrisis, ni de alternativa política al 2017, ni de un programa serio para el eventual período postcorreísta.