Marco Arauz

Catalina, Michelle, Alicia

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En estos meses la colombiana Catalina Botero ha sido objeto de varios homenajes por su posición recia en la defensa de la Relatoría Especial de la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Se los merece. Nunca se amilanó frente a los ataques contra el sistema interamericano en su difícil cargo de Relatora durante una de las épocas más duras para la defensa de las libertades (2008-2014).

Es más, tiene los suficientes arrestos para hacer recomendaciones con mucha vehemencia a quienes están interesados en escucharla: le ganamos la pelea a los gobiernos que querían que la Relatoría se debilitara o desapareciera, pero hay que mantenerse atentos y no hay que bajar la guardia porque son testarudos, volvió a advertir durante la 70 Asamblea anual de la Sociedad Interamericana de Prensa, realizada en Santiago (Chile) la semana pasada.

Su sucesor, el uruguayo Edison Lanza, tiene enormes retos. Como hizo notar también en la Asamblea de Santiago, en sus 10 primeros días en la Relatoría le llegaron una serie de casos graves -incluidas la muerte y desaparición de periodistas-, derivados de las dos principales fuentes de ataques a la libertad de expresión en el continente: el crimen organizado y el poder político. Cada vez que evaluemos la acción de Lanza será inevitable hacerlo frente a la vara alta que dejó Botero.

En una de las instancias importantes de la asamblea, la ceremonia de inauguración, intervino otra destacada mujer latinoamericana, la presidenta chilena Michelle Bachelet. Sobria, ponderada en este segundo gobierno, la mandataria socialista reconoció, al igual que su Canciller, que los medios de comunicación pueden resultar molestos para el poder, pero reiteró su compromiso de respeto a la labor periodística como parte importante de la convivencia democrática. 

Nada raro en un país que ha construido a un costo muy alto una fuerte institucionalidad y donde hoy en día el desarrollo económico no puede ser tomado como pretexto para restringir las libertades colectivas e individuales.

En esa misma ceremonia participó la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la mexicana Alicia Bárcenas. También, como Catalina Botero, ejerce el cargo desde el 2008 y aspira, según se sabe, a la Secretaría General de la OEA. Diplomática ducha, reconoció el derecho a la libertad de expresión pero no pudo ocultar sus simpatías por las tesis que enarbolan los países de la Alba en cuanto a lo que denominan “la democratización de la libertad de expresión”. Un propósito loable en la teoría, pero que en la práctica solo sirve para que la voz unívoca del poder político se amplifique más y más.

Las tres son una excelente muestra del papel decisivo que están jugando las mujeres en la región. Me quedo con Catalina y Michelle.

marauz@elcomercio.com