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13 de June de 2013 00:01

Pablo N., un peruano al que conozco bien, acomoda la leña de la chimenea; hace frío en Cuenca. Mientras lo hace relata su historia de amor con Pilar, de Iquitos, en las selvas amazónicas. ¿Le quisiste? Le pregunto. "Mucho, pero no pudimos tener hijos", responde. Durante 5 años acudieron a un médico privado en Trujillo; siempre con la esperanza de que vendría el esperado niño. Lo que no les dijo el médico del lugar al que cancelaron USD 5 000,oo fue que nunca podría concebir. La noticia llegó de una enfermera allegada a Pablo y su mujer. Entre los años de 1994 y 1998 se realizó una campaña para supuestamente combatir el tétanos. Era en realidad la de "planificación familiar". Se obligaba a mujeres pobres y analfabetas de entre 18 y 25 años, a acudir a los subcentros de salud; si no lo hacían los "vacunadores" les obligaban a ir al centro donde les harían la ligadura de trompas. No había quién se librara, comenta Pablo. Cuando supimos era muy tarde, la enfermera amiga conoció que se trataba de una de las campañas de esterilización desplegadas por órdenes de Fujimori. Muchas amigas de Pilar tampoco concibieron, algunas fueron abandonadas por sus parejas. Al saberlo lloró de rabia e impotencia. Cuenta Pablo que ya sin dinero y esperanza alguna se abandonaron mutuamente… No supo más de ella. La selva le tragó. Él continuó con su oficio de traficante de animales en extinción… El ambicioso y desenfrenado proyecto de planificación familiar, informa El Clarín el 1 de marzo de 1998, obligaba a los servidores del Gobierno a cumplir con las cuotas de esterilización. Sin información previa, ni educación impartida a estas mujeres (la mayoría de hombres no aceptó entrar en ello por creer que su virilidad decrecería), ofreciéndoles a cambio ropa o alimentos, muchas fueron engañadas. En 1997, por citar el año más "exitoso" de la campaña, se esterilizaron 110 000 mujeres.

Ahora Fujimori está en la cárcel por violaciones confirmadas contra los derechos humanos; su familia ha solicitado en varias ocasiones su indulto aludiendo al delicado estado de salud. Se difunde una fotografía que lo muestra en deplorable estado; tomada desde lo alto, dramatizada por una intensa luz sobre su rostro y pecho, nos acerca a una imagen quasi religiosa, Fujimori parece estar expirando. La imagen es de octubre del 2012. Hace pocos días -seguramente por razones políticas- el presidente Ollanta Humala ha negado su indulto.

Por muchas otras razones ajenas al corrupto ámbito politiquero, miles de mujeres declararíamos públicamente que no se indulte a un genocida, un genocida que goza de un trato preferencial, habita en una ´jaula de oro´, al decir de sus opositores, en una prisión policial de Lima. ¡No! ¡Indulto, no! De ninguna manera.