31 de May de 2010 00:00

Carta a un joven autor

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Jorge Salvador Lara

Agradecimiento y privilegio por habérseme permitido leer en originales el valiente libro ‘El Negocio es el Amor’, que presenta Ernesto Rivadeneira Troya como escritor comprometido con causas trascendentes en un mundo que naufraga encenagado en mezquindades. Leí con curiosidad y estremecida emoción hasta llegar al desenlace esta dramática historia de dolor que él plantea. Al término de su lectura, mis conclusiones fueron una entusiasta adhesión y un sincero aplauso al mensaje de ascenso espiritual y superación.

Grata sorpresa la corrección, claridad y fuerza del estilo, el adecuado manejo del idioma y el uso de variados recursos para despertar y mantener el suspenso, prueba de la buena educación que en su ejemplar hogar supieron dar a Ernesto sus padres, la reciedumbre moral que inculcaron en su espíritu y la siembra de los fundamentales principios de la fe. Su libro no solo se deja leer, exige llegar hasta el final. -¿Novela, autobiografía; imaginación, certezas?-. El drama que plantea es un cáncer terminal, que obliga a la solidaridad humana de cada lector cuando toma conciencia tanto de la inevitable muerte próxima, como del misterioso paso inmediato al más allá y los enigmas que aquel viaje sin retorno pone en evidencia.

¿Somos solamente materia? ¿Participamos de una esencia espiritual? Si lo primero, el dolor sería inentendible y exigiría un desate de pasiones -‘comamos y bebamos que mañana moriremos’-. El previsto desenlace irremediable parecería justificar drogas, prostitución, deshonestidad, vicios, injusticias, enriquecimiento ilícito, corrupción. Y además, ante el desenlace irremediable, un estallido de resentimientos, odios, lucha de clases, venganza social. En cambio, si tenemos alma, el dolor se convierte en camino de superación, el sufrimiento se vuelve crisol que torna en escorias todas las imperfecciones y solo aspira a reintegrarse al seno del Creador, de Quien provienen todas las cosas buenas y en Quien se hallan todos los consuelos. Solo entonces, el hombre, conocedor de su finitud, comprende mejor a los demás, les siente hermanos en el dolor y la esperanza, se empeña en servirles, reconoce dolores mayores que el suyo propio, contribuye a que disminuyan los sufrimientos, siente reflorecer en sí mismo, pese a todo, el amor a los demás y proclama la Justicia Social, porque en todos vislumbra a Dios, el Amor por excelencia, cuya presencia como misterioso bálsamo le permite superar el dolor.

En todo esto he pensado al asistir, en el auditorio del Edificio de las Cámaras, repleto de público, a la presentación de la novela-reflexión ‘El Negocio es el Amor’, por Ernesto Rivadeneira Troya. Confiados y optimistas pedimos a Cristo, Señor de la Historia, su fuerte asistencia para las luchas que el mundo afrontará a lo largo de todo el Siglo XXI.

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