Carlos Rojas

Son expertos en cortinas de humo

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Con cierta habilidad, el Gobierno pudo desviar el debate sobre lo que era verdaderamente importante en la reciente reforma laboral, aprobada por la Asamblea. Buena parte del país se puso a hablar de si la opción de extender hasta un año las licencias de maternidad y paternidad era o no conveniente, en lugar de reflexionar, con toda la profundidad del caso, sobre las consecuencias negativas que tendrá para los afiliados al IESS, perder a futuro un tercio de sus fondos de cesantía.

El Régimen siempre marca la agenda. En una sabatina, el Presidente se refirió a estas licencias y sus legisladores, más por reflejo condicionado que por un criterio económico, acataron la orden y la volvieron ley.

A pesar de que desde un principio se insistió en el carácter voluntario de la ampliación de esta licencia, buena parte de las discusiones se fueron por ese lado, dejando el tema más importante de la reforma casi en un segundo plano.

Lo que acaba de ocurrir con el fondo de cesantía es un reflejo más de la demagogia económica imperante (subsidiar el desempleo para mitigar el descontento político). El problema es que ese fondo ‘solidario’ se financiará con una parte de los ahorros de los afiliados, quienes, de aquí en adelante, tendrán menos dinero que recibir cuando termine su vida laboral. Es decir, cuando verdaderamente lo necesiten.

Si a este cambio se suman pasadas reformas, como el 40% menos del aporte estatal a las pensiones, el país podrá darse cuenta de que el futuro de la Seguridad Social requiere de una urgente y profunda discusión política.

Lo mismo va a pasar con las próximas reformas del Gobierno. El encarecimiento del licor y su evidente contrabando, coparán la atención ciudadana a propósito del nuevo impuesto al ICE, cuando el debate central será saber si los gobiernos seccionales podrán hacer frente a su gestión con menos recursos, como lo propone el Gobierno. El modelo de descentralización puede entrar en crisis y muy pocos parecen notarlo.