Miguel Rivadeneira

Caprichos contra una universidad

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Paraque no se diga que este es otro tema de los opositores, un alto funcionario de la actual administración del país me decía hace poco, reservadamente, cuando le consulté como profesional que transitara por la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB) cómo ve esta situación y respondió: es una barbaridad y, lastimosamente, al Presidente a veces le llevan estas cosas…

Las acciones que han emprendido primero desde el Parlamento Andino, organismo ineficaz, desprestigiado y que en la región hasta ciertos presidentes democráticos están conscientes de su poco aporte para los países de la región, y luego desde el Gobierno Nacional demuestran la falta de respeto a las instituciones, al ordenamiento jurídico internacional, a las autoridades académicas de las sedes de cada país, a las libertades e independencia de acción y a la autonomía universitaria. 


El Parlamento Andino profundizó su pésima actuación al tomar partido cuando se iba a elegir al nuevo rector y se pronunció por el candidato oficialista, que perdió abrumadoramente. Luego de los amplios resultados expresados por la comunidad universitaria y ratificados por el Consejo Superior de la UASB perdieron la cabeza.

Y como no les gusta aceptar la derrota desconocieron la elección. Si tenían cuestionamientos por qué no lo hicieron oportunamente. Como no pudieron en las urnas, aunque siempre retan que les ganen en elecciones, buscan otros mecanismos de persecución. 


Se pretende hacer daño a una institución educativa de alto nivel, que ha sido reconocida y calificada entre las mejores, por la que han pasado, como directivos, catedráticos y alumnos, miles de profesionales, muchos de los cuales sirven a este Gobierno pero no tienen la hombría de bien de decir que esta persecución es reprochable y daña aun más la deteriorada imagen internacional del país. 


Los académicos y los directivos de los centros de estudios superiores que no han elevado su voz de protesta por estos atropellos a la UASB por miedo y por no perder las asignaciones presupuestarias que por ley les corresponde, no tendrán su conciencia tranquila porque la defensa de la dignidad, los principios, los valores y las libertades no se negocian.

Los gobiernos son pasajeros y las instituciones, permanentes. 
Caprichos del autoritarismo que deben ser rechazados por todos, no solo por los universitarios. Hacer causa común en defensa del respeto a la institucionalidad, al sistema democrático, a la academia, al libre pensamiento y decir basta a tanto abuso.

Todo por el “delito” de no allanarse a los designios oficiales y ser críticos del poder. En lugar de obstinarse contra esta universidad deberían dedicarse a solucionar la acuciante crisis económica que agobia a los ecuatorianos y que no se arreglará con discursos ni nuevos créditos externos sino con la voluntad política para rehacer este manejo irresponsable que afecta seriamente a la producción y genera mayor desempleo.