Felipe Burbano de Lara

Los cantantes enmudecen

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13 de May de 2011 00:05

La soledad que invadió la tarima de la Shyris cuando Omar Simon dio a conocer los resultados del conteo rápido de votos representa la mejor imagen del baldazo de agua helada recibido por el triunfalismo del Gobierno el sábado 7 de mayo a las 21:00. Los micrófonos debieron silenciarse y los cantantes y bailarines, correr del escenario a una reunión urgente. "¡Qué pasa, qué pasa!", habrán gritado. Todo el show montado a partir de los datos de Santiago Pérez se esfumó como por arte de magia. Momento de parálisis. El gran triunfo se convertía en un triunfo muy apretado y, al día siguiente, en un empate. El gran Correa, invencible, se convertía en Correíta. En cuatro horas de festejo, el país se les fue de las manos.

El fiasco no pudo ser mayor, fue el precio que debieron pagar por su triunfalismo. Si le creyeron a Santiago Pérez; si no dudaron un segundo de sus datos, fue porque se sentían invencibles. No creyeron necesario, como sugieren la ética y la prudencia democrática, esperar los resultados oficiales para salir a proclamar la victoria. ¡Cómo dudarlo! Todo pareció muy calculado. Correa se presentó a las 17:00 en los canales estatales para ofrecer un ejercicio perfecto de simulación política. Se siente el dueño de esos canales, como lo fueron a su tiempo los hermanos Isaías. Correa es el Isaías de la televisión estatal, con unos periodistas que estaban allí para alegrarle, mejorarle el carácter y festejar el triunfo. Luego vinieron los Shyris y el baile de la gran corte. Vi las escenas cuando actuaban como las estrellas de la noche. Ellos fueron a la tarima a ofrecer el show a las masas, a los seguidores. Abrazos, sonrisas, pasecitos de baile.

Luego, las luces y los micrófonos debieron desconectarse. Todos los artistas corrieron a enterarse lo que estaba ocurriendo. Correa telefoneaba a Omar Simon para preguntarle si era cierto. El triunfalismo recibía un gran balde de agua fría. Los datos de Santiago Pérez mostraban un margen de error fuera de todo límite aceptable. Se derrumbaban los 'trackings' de los últimos días, que tanta confianza les habían dado, con diferencias cómodas de 20 puntos.

La interrupción del show agravó la derrota. Dejaron al Gobierno envuelto en una estela de sospecha y en un gran vacío social y político. La magia de los números, que siempre les acompañó, mostraba un escenario dado la vuelta, revertido, otro país, otro juego de fuerzas. Su mejor aliado, los números, lo dejaba. En esos números han basado su arrogancia; en esos números han exigido respeto a su majestad; en esos números han calumniado a cuanto adversario tuvieron al frente; en esos números han abusado del Estado y de los recursos; en esos números exigían silencio a los críticos; en esos números Correa agradeció, esa mismísima tarde, a los disidentes por haberse ido'

Se pone interesante la revolución cuando las luces se apagan y los cantantes enmudecen.