Enrique Ayala Mora

Canonizaciones y memoria

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2 de May de 2014 00:01

Juan XXIII y Juan Pablo II han sido declarados santos. Dos pontífices de tiempos recientes, ambos muy populares y de enorme influencia en la vida eclesial y mundial, que representan alternativas diversas dentro del catolicismo. Sus canonizaciones son como un acto de equilibrio entre esas dos tendencias.

Angel José Roncali fue un campesino italiano que llegó a cardenal y diplomático a fuerza de ser persona abierta y sensata en el medio eclesiástico muy conservador de los años cincuenta. Cuando fue elegido papa, como Juan XXIII se reveló como gran renovador. Abrió nuevos rumbos en la Iglesia y convocó al Concilio Vaticano II. Así, el catolicismo tuvo oportunidad de renovarse y entrar en diálogo con las nuevas realidades del mundo. Fue el 'Papa bueno', que empujó a la Iglesia hacia delante.

Juan XXIII impulsó el ecumenismo, el diálogo con otras religiones, predicó la paz en la tierra y la justicia, condenando al capitalismo y al comunismo con fuerza. Fue un pastor tolerante y un promotor del compromiso social. Los extremistas católicos lo combatieron y hasta se declararon en rebeldía frente a las reformas que el papa inició y continuó su sucesor, el papa Pablo VI.

Josep Wojtyla fue un sacerdote polaco formado en el enfrentamiento con el Estado, muy conservador y anticomunista, que llegó al papado como Juan Pablo II, luego de la sospechosa muerte de su antecesor. Excepcional comunicador de masas y trabajador incansable, fue muy popular, pero llevó a la Iglesia a posturas intolerantes y a un evidente retroceso. Impulsó el poder de los grupos más extremistas y conservadores en el Vaticano y en el manejo de la Iglesia, designando varias generaciones de obispos de tendencia reaccionaria.

Juan Pablo II dirigió la Iglesia en alianza con gobernantes neoliberales, como Ronald Reagan, y priorizó el combate al agonizante comunismo estalinista en estrecha relación con los jefes de la CIA. Su anticomunismo le impidió entender al Tercer Mundo y a América Latina. Aisló a obispos progresistas como el asesinado Monseñor Romero, persiguió a la Teología de la Liberación y a los cristianos comprometidos con la lucha de los pobres. Se hizo de la vista gorda de los manejos del banco del Vaticano; toleró, hasta protegió, a curas pedófilos de todo el mundo. El escandaloso caso de Maciel, fundador de los "legionarios de Cristo", cura y bígamo que abusó sexualmente de decenas de seminaristas, es el más grave ejemplo.

El papa Francisco encontró muy avanzado el proceso de canonizaciones, que en el caso de Juan Pablo II se siguió bajo presión, en forma atropellada y en escasos años. Esas canonizaciones quedarán sujetas a la memoria y juicio de la posteridad. Pero demuestran que el poder del Papa está limitado por los poderes vaticanos reales, que ojalá no logren frenar sus auténticos impulsos de cambio.