Washington Herrera

Los candidatos

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29 de May de 2012 00:01

Quienes aspiren a ser Jefes de Estado deben mostrar su potencial de estadistas, conocer ciencia política y el arte de conducir a los pueblos, es decir ser un teórico y un práctico del poder, porque de sus decisiones depende el malestar o el bienestar de los gobernados, en el presente y en el porvenir. El estadista no es un simple administrador de un gobierno sino quien señala la ruta y representa una dirección en la historia. (R. Borja 1997). El candidato debe decir si va a cambiar el fondo o la forma, si va a cambiar la ruta o seguir el mismo camino.

Por no haber elegido políticos con pasta de estadistas hemos fracasado en el Ecuador desde que Mahuad, Bucaram y Gutiérrez no supieron qué hacer con el poder y peor los ambiciosos vicepresidentes que les sucedieron, para no hablar de Alarcón. El gobernante deseable para el Ecuador debe tener un concepto del mundo y no ser un parroquiano que no esté a la altura de los demás gobernantes, debe entender lo que está pasando en el país y saber cómo resolver sus delicados problemas, a más de tener buena salud. Si es alguien de elevados dotes y personalidad respetable podrá convocar a los mejores hombres y mujeres a conformar un equipo de gobierno, pero si no es así, ninguna persona que se estime servirá al país y tendremos gabinetes con los residuos, improvisados y reciclables.

La tarea de gobernar no es para frívolos. El pueblo rechaza la agresión al intelecto cuando algún ser inimputable ofrece que en su gobierno todos tendrán automóvil. Tampoco cabe que banqueros, que nunca financiaron microempresas de la gente pobre con intereses más bajos que a las grandes empresas se presenten a ofrecer sus servicios. Si bien es un derecho aspirar a ser presidente, los ricos deberían saber que la sostenibilidad económica del Ecuador se logrará cuando los que tienen mucho estén dispuestos a sacrificarse por los desposeídos.

Tal como están las cosas, los políticos capacitados que sí hay en el Ecuador se abstendrán de entrar en la lucha política y electoral por temor a una pérdida vergonzante si hay demasiados candidatos. Si la derecha va con un representante y la centroizquierda con otro quizá sea factible efectuar una segunda vuelta electoral en la que las posibilidades de una alternancia de gobierno serían ciertas, para que la elección no se reduzca a un referendo.

El candidato debe presentar un programa político creíble, y solo se cree a quienes han demostrado ejecutorías en las tareas del Estado. Un Ecuador justo y próspero requiere ser más productivo y capaz de competir con el resto del mundo en todas las áreas posibles, sin ideologías seniles ni posiciones infantiles. Queremos un hombre serio, prestigioso, maduro, decente y que no tenga ningún interés personal sino el afán de servir sin egoísmo a todos los ecuatorianos.