Enrique Echeverría

¿Candidato único?

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28 de May de 2012 00:02

La literatura electoral ya se escucha en algunos sectores. En el que corresponde a las máximas autoridades, es decir al Presidente de la República, al Vicepresidente y a los asambleístas, la palabra que más se escucha es “unidad”. Que las fuerzas de oposición política se unan para presentar –en las elecciones– un solo candidato que derrote al actual Presidente quien, según se ve, está tan encariñado con el poder que, sin duda, aspira a la reelección.

Sin embargo, la proclamada unidad empieza fracasando porque el señor Álvaro Noboa ya se proclamó candidato. El señor Guillermo Lasso, evidentemente, es otro candidato. Las fuerzas de izquierda, cuyos grupos más notables son el Movimiento Popular Democrático y la Confederación Conaie, si consiguen entenderse terciarán con candidato único; de lo contrario, cada una irá con el suyo.

Hay jóvenes que están registrando listas de firmas. Se supone que no aspirarán a ser Presidente de la República, pero sí asambleístas. En fin, la unidad tan repetida parece bastante improbable, aunque los milagros sí existen, en más de una oportunidad.

La sociedad política ecuatoriana tiene dos sectores definidos: el más amplio y numeroso, de los ciudadanos que pagan impuestos y se los denomina los administrados; otro, menor, muy menor, el de los administradores, formado por quienes alcanzaron el poder y tienen la satisfacción de ofrecer –como ya consta en la Constitución actual– toda clase de conquistas, comodidades, facilidades a los administrados, con cuyo dinero realizan el milagro que –en el papel de la Constitución– tiene el calificativo de Derechos del Buen Vivir.

Debe ser interesante y apetecible formar parte del grupo de administradores, con sueldos –como los de los asambleístas– de USD 6 000 mensuales. Otros, cuentan con vehículo conducido por chofer; y si tienen cierta importancia van por las calles de la ciudad precedidos de motocicletas policiales, que con sus sirenas, abren paso expedito para que el caballero no demore en llegar a la oficina.

El poder permite impartir órdenes para que los administrados las cumplan, so pena de ser multados o sancionados. El poder comporta recibir atenciones, homenajes, ruegos y similares, entre ellos viajes y viajes para asistir a foros, seminarios, talleres, cursos, tareas oficiales. Ese es el mundo que la Constitución califica de Sumak Kawsay.

Para arribar al estamento de los administradores, la escalera es la elección popular. Ya escucharemos a unos y otros –con las excepciones de ecuatorianos realmente patriotas– proclamas relacionadas con la lucha por el pueblo, por los desheredados, en general por los pobres.

Y los pobres seguirán votando como siempre, pues la propaganda es tan eficaz que los votantes continúan acudiendo a las urnas, aunque poco después manifiesten desencanto.