Alfredo Negrete

Canciller titular y temporal (sic)

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En el interior de organismos como Unasur, Alba y la propia OEA que diagramó Insulza bajo los arquetipos chavistas, debió o debería haber parecido insólito que el canciller de un Estado autónomo, soberano y bolivariano deje su cargo y ocupe otras funciones administrativas, políticas o sanitarias internas de su país.

Es difícil que la historia registre que Armand-Jean du Plessis de Richelieu haya sido encargado de los canales de la Francia en esa época en que se construía a sangre y fuego el Estado Francés o, que en siglo XX el Secretario de EE.UU, John Foster Dulles en plena guerra fría, abandone la ofensiva intervencionista en el continente para ocuparse del tema de los migrantes.

Al mismo tiempo, algún motivo de preocupación en los escenarios habrá causado que un embajador ante las Naciones Unidas sea desplazado de tal rango a desempeñar la cancillería del país que él representa en el organismo mundial.

Para desbrozar la sorpresa hay que explicar que el país no sufre una guerra civil, desastre natural o amenaza externa. Esta nación ya sufrió cruentos episodios bélicos en la frontera sur, dos veces al fenómeno El Niño y siempre es amenazada por la furia indescriptible de sus volcanes, empero el motivo del enroque de tan altos funcionarios de nuestra política exterior tiene una explicación más doméstica.

Por el momento las artes y habilidades del canciller titular- no el temporal-, deben ser usadas en el ámbito político interno. Se lo requiere de manera urgente para que reviva el movimiento del gobierno que entró en terapia intensiva a un año de las elecciones nacionales.

Deberá empezar con una limpieza a fondo de la bancada legislativa del gobierno que carece de prestancia y personalidad política elemental, como corresponde a los representantes de ese nivel.

En cuanto al canciller temporal deberá ser difícil desarrollar sus funciones en medio de las diatribas semanales y en otras oportunidades que con furor el primer mandatario agrede a su hermano candidato presidencial. Una cosa es haberlas oído en la sede la ONU en Nueva York y otras, a pocas cuadras en el sillón diplomático del Castillo de Najas, hasta que se pueda dar de alta al partido verde del gobierno.

Las tareas del canciller titular deberán concentrarse en un punto álgido y prioritario; de lograrlo con éxito, la misión estará cumplida y regresará a su sillón con el oropel y la fama propia de un 'Premier'. Así le sucedió cuando logró entronizar a un polémico funcionario ecuatoriano en la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Con singular astucia manejó a los países dependientes del chavismo y consiguió una nominación que contradijo la tradición de la Corte desde 1969.

En el caso actual parece que fue llamado a construir o reforzar el blindaje que requiere el proceso de las mal llamadas “enmiendas” constitucionales y así alcanzar el podio para la Revolución del siglo XXI: la reelección presidencial indefinida.
¿La oposición seguirá entretenida en lo de la herencia y la plusvalía?