José Ayala Lasso

El nuevo Canciller

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En sus primeras declaraciones a la prensa, el nuevo Canciller ha dicho que estimulará el trabajo de la diplomacia para “luchar por la economía de nuestro país”. Para subrayar esa determinación,anunció que esta semana se reunirián en Quito Cancilleres y Ministros de Energía del hemisferio, a fin de acordar políticas que impidan el deterioro de los precios del petróleo. Lamentablemente la falta de preparación de dicha conferencia obligo que se posponga. Plausibles, ambas intenciones del Canciller. La diplomacia profesional del Ecuador, después de haber resuelto de manera digna y realista el problema territorial con el Perú, se empeñó en actuar como un agente para el desarrollo económico integral del país. Para ello se prepararon sus cuadros y se fortalecieron las instituciones diplomáticas. Es bueno saber que el Ministro Long está decidido a retomar esta política.

Por otro lado, ojalá la conferencia convocada en Quito haya sido adecuadamente preparada, para evitar convertirse en una cita fallida más. El complejo tema que afrontará exige una visión técnica, solidaria y coordinada.

El Canciller asume su función mientras el mundo se preocupa por los niveles de corrupción de los regímenes que se autocalificaron de revolucionarios y propusieron un trasnochado socialismo. Los pueblos de Argentina, Venezuela y Bolivia ya expresaron su censura, mientras las estructuras del poder lucen resquebrajadas en Brasil.

La democracia ha sufrido brutales embestidas de esos gobiernos, ahora debilitados y desprestigiados. La conciencia de nuestros pueblos ha retomado fuerza. Interpretándola, el Secretario General de la OEA se pronunció en defensa de la democracia venezolana, lo que califiqué como un “despertar de la OEA”, que se ha visto fortalecido con una declaración de 27 exjefes de estado que han aplaudido las actuaciones de Almagro.

Es tarea del Canciller Long analizar todas estas realidades, sin prejuicios y con talento. Corresponde al Presidente dirigir las relaciones internacionales, pero Long no puede resignarse a ser un ejecutor de las órdenes de Correa. Debe ayudarle a reflexionar sobre los verdaderos intereses del Ecuador, de indiscutible prioridad sobre la ideología de fanáticos socialistas.

Queremos verle negociando acuerdos económicos con todos los países, pero sobre todo con los socios tradicionales del Ecuador –Estados Unidos y Europa- y con nuevas áreas comerciales como Asia-Pacífico. Y no queremos oírle discursos tan desmedidos como el que habría pronunciado en el tercer aniversario de la muerte de Chávez: “Estoy seguro que en 100 o 200 años los hombres más recordados de la historia en el mundo serán presidentes como Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales”. Un ditirambo impropio de un hombre de cultura.