Andrés Vallejo

Tenemos canciller, tenemos a Xavier

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Columnista invitado

El insólito reemplazo temporal del Ministro de Relaciones Exteriores, quien se toma dos meses de vacaciones para “asegurarse de que la Plaza de la Independencia se llene en media hora”, símbolo de los problemas al interior del Gobierno, obliga a varias reflexiones.

La primera es lo grave que resulta que en el Ministerio no haya un funcionario que lo reemplace. Habla mal de la organización y capacidad del cuerpo directivo que tenga que venir de fuera otra persona, por capaz que es, a cumplir una función que la ley asigna a otro.

La segunda reflexión se refiere a la organización política del Gobierno. Si es el Ministro de Relaciones Exteriores quien tiene que dejar, aunque sea temporalmente, sus funciones, para activar al partido de Gobierno, quiere decir que quienes desempeñan esas funciones no lo hacen bien. Esta censura -extendida a los funcionarios responsables de la conducción política del país- debería causar más de un conflicto, sumado a los que ya se han producido por distintas causas y acciones tomadas.

La castrante resolución de la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional, que pretende que los legisladores se amedrenten al exponer sus ideas, propuestas, acusaciones o intemperancias –lo que está implícito dentro del carácter mismo de los parlamentarios, que para ejercer su función deben gozar de inmunidad absoluta en el desempeño de sus funciones-, habrá causado más de una reacción en algunos asambleístas del oficialismo, que no pueden estar de acuerdo con tan aberrante actitud, aunque no se atrevan a manifestarlo.

La imposición de la reelección de las tres damas en la conducción de la Asamblea, que se desdibujan y desdibujan, ya causaría resentimientos e inconformidades. Lo mismo que la increíble declaración sobre las marchas opositoras, a pesar de que no fue aprobada como tan original y folclóricamente fue propuesta.

Y los excesos en Yachay, que pueden afectar tanto a tan buen propósito, cuando es tan fácil que se confundan desmesura con despilfarro.

La tercera reflexión es sobre la psicosis que parece haber tomado cuerpo en las autoridades del Gobierno, que ven atentados y planes desestabilizadores con la toma de aeropuertos y todo, imaginando complots en marcha, que parece extenderse a bombas panfletarias en medios de comunicación, lo que ocasionará que se acentúe la pérdida de credibilidad experimentada, cuando es evidente que tales planes, de existir, no tendrían ninguna posibilidad de prosperar dadas las condiciones políticas del país. Cuando mucho se amenaza con el lobo, ya nadie cree en él a la hora en que se presente, si ese fuera el caso.

¿Todo esto, y más, es lo que tiene que arreglar el Canciller durante sus vacaciones? Menuda tarea le espera si no hay un cambio de actitud general. Enconcharse solo agravará las cosas.
Mientras tanto, tenemos canciller, tenemos a Xavier.