Miguel Rivadeneira

Campañas que debieran servir

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mrivadeneira@elcomercio.org

Nuevas amenazas se ciernen sobre el mundo en materia de salud pública y nadie está exento de su impacto. Unos países con mayor fuerza y otros con expectativas en medio de las debilidades de sus políticas. Esa es la situación del virus del ébola en el África, con casos que se han extendido a los EE.UU. Igualmente, la expansión del chikungunya en la región andina, que transmite un mosquito igual que el dengue.

Tres ejes fundamentales se imponen en este campo: prevención, amplia información y la utilización del sistema educativo para concienciar a estudiantes y padres de familia sobre las implicaciones de estos males, pero aún resultan insuficientes porque el Régimen impone sus prioridades políticas.

Es verdad que ha mejorado el equipamiento, la red de los servicios de salud y el acceso ciudadano, pero quedan cuentas pendientes: las campañas de prevención, la entrega de amplia información a la población, de manera especial a través del sistema educativo, fortalecer los programas de detección de las enfermedades.

Las investigaciones y los diagnósticos evidencian problemas por la desnutrición y la mala alimentación, con datos alarmantes de poblaciones con más del 30% de obesidad, gran parte menores de edad, pero más importa alienar con propaganda oficial para estigmatizar a los sectores que no coinciden con las políticas oficiales, en lugar de destinar los mayores esfuerzos a combatir estos males. Quedan cuentas pendientes por el déficit en el acceso al agua potable, los servicios sanitarios y en general el reto de vivir en un ambiente sano, como establece la Constitución.

No existe una decisión política para destinar todos los esfuerzos a las campañas que deben servir para concienciar sobre los males contemporáneos. Más interesa tener a una sociedad dividida y confrontada. Por ello se debilita a los sectores estudiantiles con propaganda oficial que habla mal de los unos y pretende hacer buenos protagonistas a aquellos que se identifican con el Gobierno. Es decir, la sociedad de los buenos, siempre y cuando se allanen a todos los designios del poder, y el señalamiento de los malos porque se atrevieron a criticar políticas públicas, a disentir, protestar y marchar y no se someten al pensamiento único.

En medio de la necesidad de tener calidad en el gasto público y cuidar los recursos que escasean paulatinamente, cuánta propaganda se desperdicia con mensajes destructores, que no construyen una sociedad justa, democrática, pluralista, respetuosa de la opinión ajena, intercultural y plurinacional, como consagra en el papel la promocionadaConstitución y que hoy estorba a los afanes de perpetuarse indefinidamente. Jóvenes que se identifican con el Gobierno y que hablan mal de sus pares porque discrepan; miembros de diversos sectores y organismos seccionales que hipotecan su futuro sin entender que el poder noes eterno.