4 de March de 2011 00:00

Campaña

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Una vez más el Jefe de Estado se sube a la tarima. Una vez más en los últimos cuatro años y medio Rafael Correa emprende una campaña.

No se sabe si es puro afán de protagonismo, conciencia de que esa actividad le estimula y le funciona, consejo de sus propagandistas y asesores o el placer de mostrarse victorioso en otra contienda.

Las razones de fondo de la nueva campaña ya se han debatido ampliamente y el trasfondo de una reforma de la justicia por encima de la expresión de la voluntad popular expresada tras la Constituyente de Montecristi, no promete mejorar el panorama.

El primer problema que tienen los ecuatorianos es la inseguridad. En ese aspecto la falta de control, la indefensión, la destrucción de la institucionalidad del país y la crisis de la Policía son factores que se juntan a los problemas de la justicia.

Acusar al pasado de los problemas de la justicia no tiene sentido alguno tras cuatro años de “Revolución Ciudadana”. No tiene fundamento mirar a la “partidocracia” que ha perdido protagonismo político y está sumida ante el protagonismo el movimiento obediente de Alianza País y su líder vertical y autoritario.

Esa mención de la “partidocracia” no se entiende cuando varios de los altos colaboradores del Gobierno militaron en partidos y fueron parte de los regímenes del pasado y hasta criticaron a quienes despreciaban a los partidos políticos.

La verdad es que la justicia no funciona. Los incontables casos de corrupción y escándalos que merecieron serias investigaciones y acaso encauzamientos judiciales durante este período van quedando en el olvido colectivo.

Cabe mencionar a Los Pativideos, el caso de Fabricio Correa, el ministro Comecheques, para solo citar los más sonados. Muchos ecuatorianos se preguntarán si con una exagerada concentración de poder se superarán estas trabas. Esa concentración, si se aprueban las preguntas del Presidente, será más fuerte de la que ya existe con la influencia del Ejecutivo en el bloque mayoritario del parlamento, la participación ciudadana dependiente y los organismos de control tímidos. Entonces tomaría en sus manos la justicia, le metería mano y de un “petit comité” que no está en la Constitución vendría el nombramiento de jueces . ¿ Dónde quedará la independencia que una democracia merece?

Con unas autoridades laxas empezará una campaña inequitativa donde los diferentes actores sociales apenas tendrán espacios en los medios independientes. Ya sabemos cuál será la “política“ ”que aplicarán los medios públicos que deberían ser de todos y que controla el Gobierno.

La campaña seguirá en sabatinas y en discursos oficiales sin que los que expresen un razonamiento discrepante tengan igual espacio. Las autoridades electorales han mostrado indolencia.

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