Farith Simon

Campaña y religión

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21 de January de 2013 00:00

En esta campaña electoral, seis de los ocho candidatos presidenciales han apelado a la religión, en mayor o menor grado, para fundamentar algunas de sus propuestas frente a temas de interés público.

Nelson Zavala, Guillermo Lasso, Álvaro Noboa, Lucio Gutiérrez, Mauricio Rodas y Rafael Correa, han citado de manera explícita sus creencias religiosas para explicar sus posiciones frente al aborto, el matrimonio de personas del mismo sexo o, en algunos casos, a la eutanasia. A la vez, todos han sostenido que respetan la declaración del Ecuador como un Estado laico, hecha en la Constitución del 2008.

Un Estado laico se caracteriza, al menos, por ser neutral frente a todas las confesiones religiosas, no se privilegia a ninguna de ellas sin importar el número de seguidores que tenga; se respeta de igual forma a creyentes y no creyentes; y, no se definen cuestiones de política pública en función de las creencias de quienes ostentan el poder.

Decir que se admite el laicismo, al tiempo que se declara que se reformará la Constitución para que se respete “el sagrado nombre de Dios”; que no se permitirá el aborto, porque la fe cristiana así lo estipula; o que no se consentirá el matrimonio entre personas del mismo sexo, porque es contrario a las sagradas enseñanzas de la Iglesia, es una contradicción. Los candidatos no se limitan a compartir sus convicciones en público, han dejado en claro, que tomarían medidas usando como sustento las enseñanzas de su fe, poniendo así al Estado al servicio de estas.

Una razón para esto, además de que en algunos casos es la convicción con la que se expresan estas ideas, es evidentemente utilitaria: en campaña electoral, sostener una posición contraria a las creencias de la mayoría de los ecuatorianos sería el equivalente a dispararse en el pie.

Quiero aclarar, respeto a las personas que deciden organizar su vida de acuerdo con los mandatos de sus creencias, que las defienden firmemente y que lo expresan sin tapujos, sin embargo creo que se debe enfrentar, de manera decidida, cualquier intento de usar al Estado para imponer una religión.

En el extremo más radical, rayando en el fundamentalismo religioso, uno de los candidatos ha puesto en duda la teoría de la evolución, inclusive parafraseando la pregunta que se le atribuye al obispo Wilberforce, a uno de los más relevantes defensores de Darwin, Huxley, si él descendía del mono por la línea materna o paterna de su familia. Con sus declaraciones, el candidato, nos regresa directamente al siglo XVIII.

Por cierto, si alguien no lo sabía, en la educación pública ecuatoriana se enseña por igual la teoría de la evolución y el creacionismo, sin advertir que la primera es una teoría científica que cuenta con evidencias, y la otra es una convicción, que no tiene prueba empírica porque se basa en la fe, así difundiendo estatalmente una religión.