Gonzalo Maldonado

Entonces y ahora

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Cuando uno revisa la historia –la antigua sobre todo– cae en cuenta que la naturaleza humana apenas ha cambiado. Entonces, como ahora, las personas tenemos las mismas ilusiones de servir a nuestra comunidad y también somos proclives a cometer, una y otra vez, los mismos errores de antaño.

Esta verdad es tal vez más evidente en el ejercicio de la política. A propósito del proceso electoral que está empezando he vuelto a revisar un texto clásico de la política, ‘Breviario de campaña electoral’, escrito, según algunos, por Quinto, el hermano menor de Marco Tulio Cicerón.

Cicerón tenía 42 años y estaba en la cúspide de su carrera pública porque había destacado como hábil funcionario en Sicilia, exitoso abogado defensor de casos aparentemente perdidos y, sobre todo, como un orador extraordinario. Corría el año 64 a. C. y Cicerón creía estar listo para optar por el cargo más importante de aquella época: el Consulado de Roma. Todo parecía favorecer la candidatura de Cicerón salvo por dos cosas: era un ‘hombre nuevo’, es decir alguien que no tenía familiares en el Senado, la instancia social y política más importante del Imperio; y su récord militar no era distinguido, una desventaja enorme en una sociedad bélica como la romana.

¿Cómo superar aquellas limitaciones y ganar las elecciones? Para ganar necesitas dos cosas, le dijo Quinto a su hermano: debes tener amigos poderosos y ser popular entre el pueblo. Para cultivar una red de amigos poderosos debes distinguir entre aquellos que buscan favores y los que simpatizan verdaderamente contigo. A estos últimos hay que tratarles con afecto –recordar sus nombres de pila es indispensable, decía Quinto– y hacerles sentir parte del círculo íntimo. A quienes buscan favores debes asegurarles que jamás los olvidarás si trabajan eficientemente a tu favor, aconsejó el hermano de Cicerón.

Para ser popular debes prometer cualquier cosa que se te pida, aun cuando no vayas a cumplir. La gente olvida pronto las promesas rotas –decía Quinto– y pide favores que no necesita. Además, siempre es posible darle cualquier otra cosa. Rehusar el pedido de alguien es un suicidio político porque sólo te conseguirá enemigos, escribió Quinto.

También exigió a Cicerón que asegurara que su familia y amigos más cercanos apoyaran incondicionalmente su candidatura porque de allí siempre se propaga la buena o mala fama del político.

Recomendó que sus apariciones públicas las hiciera siempre con seguidores ruidosos y apasionados. También le dijo que debía exponer, cada vez que tuviera oportunidad, los excesos más escandalosos de sus contrincantes, para debilitar su imagen ante los electores.

Más de dos mil años han pasado desde que aquella carta fuera escrita, pero parece como si hubiera sido redactada ayer.

@GFMABest