Miguel Rivadeneira

Cambios con otras prácticas

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No se puede esperar resultados diferentes si se continúa haciendo lo mismo.

Ese es el desafío pragmático si se quiere de verdad cambiar el estilo de intolerancia, confrontación, polarización, imposiciones y de control a la sociedad en todos los órdenes, que tanto daño ha causado y que deja como secuela una profunda herida.

Resulta difícil, porque así se acostumbraron durante una década, pero depende de la voluntad política y los mensajes claros y directos que se envíe a los actores para que haya un nuevo rumbo en un momento complejo debido a la acuciante crisis fiscal que queda. La crítica situación de Tame evidencia el fracaso del manejo del sector público. 


Este estilo ha afectado a la institucionalidad y a la buena convivencia de civiles, militares y de los distintos sectores de una sociedad diversa. Primero hay que admitir y reconocer que queda una herencia de un país dividido (mitad a favor y mitad en contra), agotado y que se torna indispensable saber escuchar antes que perseguir y obligar a la fuerza, incluso la mentira repetida con solvencia.


El estilo ha permitido que se impongan las cosas, con abuso de poder, con acciones que han generado el rechazo cuando destacadas mujeres y hombres públicos, probados durante décadas por su acrisolada honestidad, son procesados, sentenciados y como un gran favor perdonados por los responsables de la impunidad, por el “delito” de haber señalado irregularidades en la administración pública, cuando la Constitución obliga a todos los ciudadanos (art. 83) a “denunciar y combatir los actos de corrupción”.


Con la nueva administración, si se quiere desactivar la bomba de tiempo que queda debajo de la mesa servida, debe cerrarse la etapa de criminalización de la protesta por sobre el mandato constitucional, art. 98, que establece el derecho a la resistencia. No se puede hablar de diálogo ni de cambio si se mantienen procesos que ha llevado a cabo diligentemente esta “nueva justicia” (el caso contra los vocales de la Comisión Cívica contra la Corrupción), que contrasta con la lentitud para sentenciar a un ex ministro y sus asesores por irregularidades comprobadas hace nueve años.

Hay que estar conscientes que actos de corrupción han existido, en mayor o menor grado, en todos los regímenes y con mayor razón durante una década en la que se ha controlado todo.
La última elección deja varias lecturas que debieran ser tomadas en cuenta para bajar las tensiones, dejar las persecuciones, buscar diálogos sinceros y no tramposos y dedicar esfuerzos a desafíos mayores como la aguda crisis económica, el aumento del subempleo y principalmente tratar de restablecer la confianza interna y reducir el riesgo país que afecta en los mercados internacionales. Sin todo esto no se podrá desarrollar un proceso distinto como se anuncia en los discursos.