María Cárdenas R.

Calladitos, hablemos bajito

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¡Sshht! Calladitos, hablemos bajito… No cuenten nada, que la prensa calle, total indiferencia. Lo que está pasando, sólo lo sienten la mitad de los ecuatorianos, sólo el cincuenta por ciento. La verdad se calla porque lleva los colores de la tricolor, de la mitad más, menos, de los ciudadanos de nuestro país. Una bandera dividida en dos, una patria dividida por la mitad. Así, con la voz bajita, para que nadie sienta miedo, para que no se convierta en realidad. Pero, ¿hasta cuándo?, esa pregunta sí que nadie la puede evadir. Tarde o temprano, alguien la va a vivir en carne y hueso, arrepintiéndose, de no haber dejado la sordera y la ceguera de lado. Seguro que, en la comodidad de un leve, supuesto triunfo, le da permiso para no escuchar al pueblo, un alto, altísimo porcentaje de pueblo descontento. Calladitos, para que no se escuche, para que no se haga realidad.

Las mareas humanas, que gritan con su alma, caminan sin cansancio, no se deben a un líder en estado de capricho, sino a su esperanza, a su verdad, a su realidad, ellas, continuarán. No están dispuestas a dejar que el manto de la duda, de la suspicacia, cubra su vida. No se permitirán acostumbrarse a una realidad que no es sino un silencio turbio, miedoso, contagiado del miedo que ese cincuenta por ciento, más, menos, ya no siente. Pensamos que se habían, también, llevado la esperanza y, en ese intento, robaron, lo que no les dejaba actuar, el miedo, que ahora lo siente, la otra mitad, más, menos.

¿Por qué no se abren las cajas? ¿Por qué se lucha tanto contra algo que sólo es un derecho, una realidad que se puede probar en una u otra dirección? ¿Serán Cajas de Pandora de dónde saltarán culebras y arañas? Esa es la sensación.

En la seguridad, las urnas de la verdad, se abren sin espera, sin contratiempos, sin discusiones, sin vueltas y más vueltas, sin excusas. En la verdad, no hay miedo. Se destapa la verdad, con rapidez, en el más estricto sentido de justicia, cuando, el cincuenta por ciento, más, menos, de una nación, así lo solicita. Se levanta la transparencia en un sólo movimiento, amplio, rápido, justo con el pueblo y, en cumplimiento de la ley, no hace mucho, revisada, re inventada, re creada.

Ante la duda, ante la desconfianza, ante el pedido del cincuenta por ciento más, menos, sólo queda un grito de verdad, una demostración para poder confiar, las pruebas, todas. Todas las pruebas de que, lo que quieren que vivamos, es decir, la verdad, es real. Voto a voto, acta a acta, porcentaje a porcentaje, total por total. Verdad por verdad. En cumplimiento legal de lo que sólo, nada más y nada menos, el cincuenta por ciento, más, menos, de la población lo pide, se logrará la paz total para un nuevo gobierno. Esta realidad, este número, es suficiente obligación para una respuesta bien merecida, la de la verdad. Verdad que favorecerá a un cincuenta por ciento o a otro, pero, a la larga, al cien por ciento de Ecuador. Esta es la verdad. ¿Por qué tanta resistencia en probar esa verdad? ¿Calladitos?