Andrés Vallejo

Dos buenas noticias

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En este año difícil y con tantas malas noticias, para el mundo y para el Ecuador, dos hechos producidos en los últimos días son buenas noticias.

El acuerdo alcanzado en París sobre la necesidad de observar políticas que eviten que el deterioro del ambiente se agrave a niveles incontrolables, es trascendental. No solo que el compromiso alcanzado es vinculante, al contrario del Protocolo de Kyoto, que por eso fue menos efectivo, sino que obliga a los países desarrollados a aportar con 100 000 millones de dólares anuales para sustentar a los países en desarrollo a fin de que puedan asumir las obligaciones que implican limitaciones a su desarrollo -con lo que se compensa, de alguna manera, la desigualdad que se produce cuando no pueden ejecutar acciones que obstaculizan sus posibilidades de crecimiento y que fueron practicadas por los países de mayor desarrollo-, y para apoyarlos en la adopción de tecnologías limpias.

Es una asunción por los países desarrollados de responsabilidad en los problemas que han creado en el tiempo, además del reconocimiento de que esas brechas no deben seguir aumentándose. Pero esta buena noticia implica también limitaciones prácticas a la demanda de combustibles fósiles –el petróleo entre ellos- lo que dificultará que el precio se recupere establemente, porque para alcanzar los niveles de calentamiento comprometidos deben reemplazarse las fuentes de energía, con lo que la demanda de petróleo disminuiría. El consumo de combustibles para el transporte y la industria son los principales contaminantes. Es un cambio de estrategia de desarrollo con clara orientación ambiental.

El avance en los negociaciones de paz en Colombia es la otra buena noticia mundial. Pero es especial para el Ecuador, que sufre tangencialmente las consecuencias de la violencia que tiene décadas en Colombia. Empezó con la delincuencial, a niveles dramáticos, siguió con el enfrentamiento político encarnizado y derivó en la guerrilla y el narcotráfico, que todo lo contamina. Un acuerdo como el que viene avanzando no es fácil. Implica cesión de lado y lado y superar obstáculos que se presentan, en los que legítimamente, las partes pueden sentirse perjudicadas. Han acordado ya sobre un plan de desarrollo agrario integral, vital porque implica incorporación de personas y sustitución de cultivos; participación política, drogas ilícitas y reparación de las víctimas.

Todavía hay temas pendientes que contemplan el abandono del uso de las armas y el cese de fuego de la guerrilla y del gobierno, y el establecimiento de los mecanismos para formalizar un acuerdo de paz. El avance se ha producido sobre los puntos más complejos. No hay otro camino que el del diálogo y la negociación para resolver problemas que están enraizados en la sociedad, aunque no todos quedarán satisfechos. El proceso de paz en Colombia requiere –y merece- el apoyo de todos.