Milton Luna

Buen morir

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24 de March de 2012 00:01

La cultura judeo cristiana mestiza que forma parte sustantiva de muchos de nosotros influye para que asumamos con gran miedo y dolor el tema de la muerte. Tal vez por esto, descartemos casi de inmediato este asunto de nuestras preocupaciones y decisiones cotidianas. Sin embargo, el juego entre la vida y la muerte está presente en todo lo que hacemos marcando nuestras acciones conscientes o inconscientes.

Este rehuir el final ha hecho que como individuos, familia, sociedad y Estado planifiquemos nada o poco lo inevitable. De allí que el momento que llega nos encuentra indefensos, solos y desesperados.

Para los enfermos incurables o con enfermedades terminales, además de los dolores corporales se suma el sufrimiento por la insuficiente cobertura de servicios de salud que faciliten una muerte digna y, en lo posible, sin mayor dolor físico.

En nuestro medio se cuenta con los dedos de la mano las instituciones que brindan la denominada atención médica paliativa diseñada técnica y humanamente para atender a los enfermos en la última fase de su vida. Son instituciones en su mayoría forjadas y sostenidas por personas con altos sentimientos de solidaridad y caridad, promovidas por la Iglesia o por particulares altruistas. Una de ellas, con prestigio bien ganado, es la Clínica Nuestra Señora de Guadalupe, regentada por las hermanas hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús.

Ante la gran demanda de medicina paliativa, las clínicas mencionadas se ven desbordadas y presionadas. Por su parte, la familia del enfermo vive un drama adicional buscando cupo para su pariente.

En el caso de no tener acceso a una de estas entidades le toca a la familia asumir directamente el cuidado de los últimos meses o días del ser querido. En este caso, el hogar tiene que asumir los ingentes costos económicos que impone tal experiencia extrema, cargando de gastos no planificados que pueden absorber ahorros y presupuestos dejándola insolvente y en crisis. A esto se suma, el elevado desgaste emocional y psicológico, que descuadran a la familia por un buen tiempo.

La política pública para esta fase de la vida que todos experimentaremos es aún muy débil, empero el IESS desde años recientes empuja acertadamente convenios con algunas clínicas que brindan este humanitario servicio. De todas maneras, falta mucho por hacer e invertir para aumentar la oferta que guarda relación con temas que van desde la formación técnica y sobre todo humana en medicina paliativa a auxiliares, enfermeras, terapistas, psicólogos, médicos e infraestructura, entre otros asuntos.

En el país no solo hace falta entender y poner en práctica el ‘buen vivir’, sino también el ‘buen morir’, para que ese paso inevitable se realice no de manera traumática y brutal sino con amor, compañía, dignidad y, en lo posible, sin mayor dolor físico.