Miguel Rivadeneira

El buen ejemplo en Brasil

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Así como señalara hace poco el mal ejemplo que da Venezuela a Latinoamérica y el mundo con su dramática situación interna, la permanente violación de los DD.HH. y la cárcel para quienes disienten con el poder, en medio del consentimiento de los países de la región, para quienes más importante es la estabilidad de un gobernante que la vida de las personas, en Brasil existe un contraste.

Millones de brasileños están hartos de la corrupción y así se han mostrado multitudinariamente en las calles, en un claro mensaje a sus autoridades y de manera especial a la administración de justicia. Las protestas no han sido solo contra la Mandataria de ese país, que también está salpicada de este escándalo, sino contra las malas prácticas políticas y la corrupción. Está enlodado el partido que ha gobernado más de una década y que demuestra que más allá de un pronunciamiento popular en las urnas no existe un cheque en blanco para que hagan lo que quieran cuando llegan al poder, de espaldas a una realidad. Más aún cuando han existido grandes recursos, pero sin la responsabilidad de administrar con mesura y equidad.

Lo más grave han sido los escándalos de corrupción sin que los entes de control y la administración de justicia hayan actuado oportunamente. Felizmente, en ese gran país se ha logrado conocer, gracias a los medios de comunicación independientes, estos hechos graves que han determinado la caída de la popularidad de la gobernante y que ha puesto contra las cuerdas a la justicia para que actúe y establezca responsabilidades.
Un buen ejemplo para el Ecuador con el fin de que los entes de control y, especialmente , “la nueva justicia” actúen oportunamente en los otros casos en donde se ha conocido la existencia de corrupción, en contraste con la rapidez para perseguir y sentenciar a quienes han protestado o criticado las acciones del poder.

Allí están casos en los cuales se ha puesto en juego enormes recursos del Estado cuando hoy escasean para hacer frente a la crisis. Prohibido olvidar el caso Duzac-Cofiec, que despertó tardíamente cuando el primo del Presidente, que falsificó su título y a quien le defendieron e hicieron un homenaje oficial antes de que parta tranquilamente del país, sin retorno.

A un supuesto empresario argentino le prestaron 800 000 USD del pueblo, sin que hasta hoy se pueda recuperar todo. El caso de peculado de los ‘comecheques’ en el Ministerio del Deporte. La Fiscalía hizo 14 acusaciones y hasta hoy se sigue esperando cuando los hechos se produjeron entre el 2007 y 2008; es decir, hace “solo” siete u ocho años, al comienzo de esta administración. En cambio, con agilidad le sancionaron en otra instancia a Bonil por una caricatura y no contentos con eso envían a la Fiscalía porque creen que hay mérito penal, sin observar la Constitución, art. 76, que dice que “nadie podrá ser juzgado más de una vez por la misma causa y materia”.