Walter Spurrier

Bruselas aconseja

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Hace algún tiempo terminamos de negociar nuestra incorporación al acuerdo multipartes entre la Unión Europea (UE) y la Comunidad Andina, firmado por Bogotá y Lima. Se supone que transcurre el tiempo para cumplir con requerimientos burocráticos así como de aprobación de instancias políticas. Mientras se da ese proceso, Bruselas adoptó un “estate quieto” de dos años de su tratamiento arancelario para con el Ecuador, lo que significó que cuando expiraron las preferencias arancelarias, que nos permiten gozar de una posición predominante en ese mercado en flores, atún y camarón, no se interrumpió nuestro acceso preferencial.

Pero ese beneficio expira a fines de 2016, y no se conoce de mayores avances en el proceso de ratificación. El jefe de misión de la UE en Quito acaba de recordarnos que como el Ecuador se autoexcluyó del acuerdo multipartes, ahora que quiere incorporarse se requiere de la aceptación por parte de los signatarios originales, y ni Colombia ni Perú la han concedido.

La posición nacional, tal como la explicó en alguna ocasión el ministro Egas, es que ese es un problema que le compete resolver a Bruselas. Pero el diplomático europeo revela que la UE ha hecho esfuerzos por resolverlo, sin éxito, y aconseja a las autoridades nacionales que acometan la tarea.

Europa no puede resolver el problema. Porque lo que quieren Bogotá y Lima es aprovechar que tienen ese poder de bloquear la incorporación del Ecuador al acuerdo para obtener a cambio el levantamiento o al menos moderación de las restricciones que ha aplicado el Ecuador a sus productos, que desde el punto de vista colombiano y peruano, causan un injustificado perjuicio a sus empresas que venden en el mercado ecuatoriano. Otros países, cabe destacar Chile, también tienen ese reclamo pero carecen de ese mecanismo de presión.

Recordemos que inicialmente el Ecuador adoptó una salvaguardia cambiaria que aplicó a los países andinos, que después ante las complicaciones que le causó optó por cambiar por una salvaguardia de balanza de pagos aplicable a todos los países. Las autoridades defienden la medida como la mejor disponible para frenar las importaciones, ya que no se puede devaluar, y con el temor que sin medidas como esta la liquidez, que está bajando, caería más precipitadamente.

Pero habrá que buscar otro mecanismo, o ser más creativos. Como la salvaguardia se aplica además a insumos y bienes de capital, encarece la producción nacional tanto para el mercado interno como el de exportación.

Además, de qué sirve frenar las importaciones si se caen las exportaciones, como ya sucede por razón del poco crecimiento de la economía mundial, el fortalecimiento del dólar y el encarecimiento por la salvaguardia, caída que se acentuaría si perdemos las preferencias europeas.

wspurrier@elcomercio.org