Sebastián Mantilla

¿Brasil, espejo para Ecuador?

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El gigante sudamericano está en problemas. Cifras publicadas la semana pasada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) no solo confirman una caída del -1,9% en el Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil durante el segundo trimestre del 2015, sino también la entrada de su economía en recesión técnica (dos trimestres con crecimiento negativo).

Aunque el bajo desempeño de la economía brasileña era ampliamente conocido, afectada especialmente por la disminución de la inversión y del consumo, llama la atención la dimensión de esa caída. Si a inicios de este año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) preveía un crecimiento del 0,3%, esa cifra ha sido superada con creces.

Pero el problema no es solo el PIB. La economía en su conjunto está mal. A más de la caída de la inversión (8,1%) y la contracción del consumo (2,1%), se suman otros factores. La inflación subió de enero a julio en un 6,83%. De mantenerse este ritmo, a fines de este año llegaría al 10%. De igual modo, en este mismo período se han perdido cerca de 345 000 puestos de trabajo. Es la primera vez desde el 2003 que el desempleo ensombrece la gestión del Partido de los Trabajadores (PT).

A esto habría que añadir la situación actual de las cuentas públicas: excesivo gasto corriente, déficit fiscal y un elevado endeudamiento. En esto último, el más alto de la región. Para finales del 2014, la deuda pública de Brasil representaba el 63,5% del PIB.

Como telón de fondo está el escenario mundial. La desaceleración de la economía china (primer socio comercial de Brasil) y la caída progresiva de los precios de las materias primas. La volatilidad financiera internacional, que es producto de la política monetaria expansiva de China, Europa y Japón, así como la eventual alza de las tasas de interés en Estados Unidos. Todo esto ha repercutido negativamente.

No obstante, las medidas que ha tomado el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff han sido insuficientes y extemporáneas. La subida de los impuestos y el recorte parcial del gasto (principalmente en obras de inversión) han empeorado la situación económica y eso ha incidido en términos políticos. El nivel de apoyo a Dilma Rousseff no pasa del 8%.

En consecuencia, hay la percepción de que la crisis no ha sido bien gestionada por parte del Gobierno. Es decir, decisiones claves que pudieron ser tomadas para enfrentar los cambios a nivel externo e interno nunca llegaron. El alza de los impuestos, la reducción del gasto público y la contratación de más deuda han ayudado de manera parcial a resolver el déficit fiscal; sin embargo, los problemas de la economía se mantienen. Y es que el impulso de la inversión y el consumo, pilares del crecimiento económico, no se logran con este tipo de medidas.

Pese a las diferencias que existen con Brasil, el Ecuador debería tomar en cuenta estos ejemplos para evitar caer en los mismos errores. ¿Acaso no es buen ejemplo en el cual mirarnos?

smantilla@elcomercio.org