Carlos Alberto Montaner

El terremoto brasilero

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Aécio Neves, del Partido Social Demócrata Brasilero (PSDB), economista, como Dilma Rousseff, pero más joven y carismático, podría derrotarla en el balotaje del 26 de octubre.

¿Por qué decayó la popularidad de Rousseff? Por tres factores combinados:

Economía. El país entra en recesión. La producción no crece y las exportaciones disminuyen al enfriarse la economía china. Todo era un espejismo. Brasil no trabajaba bien.

Eran los chinos. Con apenas USD 12 100 de PIB per cápita anual, creaba menos riqueza por habitante que otras seis naciones latinoamericanas, incluidas Argentina, Uruguay y Chile. Aunque por volumen es la 8va. economía mundial, según per cápita es la 105, y por crecimiento la 137. Su productividad es el 50% de la mexicana y el 18% de la norteamericana. Brasil ocupa el anémico puesto 100 del Índice de Libertad Económica, entre Gabón y Benín.

Corrupción. La percepción general es que los gobiernos del PT están entre los más corruptos de la historia reciente. Cuando comenzó Lula, según Transparencia Internacional, Brasil ocupaba el lugar 69 del planeta. En la medición reciente se deslizó al 72. El último escándalo involucra a Petrobrás que entregaba al PT el 3% de todos los contratos. El conflicto es mayor al “mensalao” que sacudió al gobierno de Lula, y culminó con una veintena de funcionarios condenados, incluido José Dirceu, su ministro de la Presidencia y mano derecha, hombre formado por los servicios de inteligencia cubana.

Tercermundismo. Los brasileros, no obstante la disparidad entre el sur desarrollado y el nordeste pobre, siempre jugaron la carta occidental. Fue el único país latinoamericano presente en las dos guerras mundiales. A muchos brasileros les disgusta la estrecha relación del PT con Irán, Rusia, Cuba o el chavismo, así como el patrocinio del Foro de Sao Paulo, especie de virulenta Internacional antioccidental, antimercado y antiamericana. No entienden por qué enquistarse en el Mercosur o en Brics, cuando estarían mejor trenzando alianzas con el Primer Mundo.

Si Neves ganara las elecciones, su victoria sería una pésima advertencia para los países del Socialismo del Siglo XXI, dado el agotamiento de esa tendencia que ya arruinó a Venezuela. Probablemente, su triunfo influiría en los comicios de Uruguay, impulsando la candidatura de Luis Lacalle, joven y carismático político de centroderecha, frente a Tabaré Vázquez, expresidente de 74 años del Frente Amplio, donde militan comunistas y tupamaros, desgastado personaje, menos atractivo para la nueva generación de votantes.

La ola llegaría a las elecciones argentinas de 2015 y contribuiría a barrer al kirchnerismo, así como a Bolivia, donde Evo Morales perderá un aliado al que no le importaba que la cocaína de su país llegara por toneladas a Brasil.
Será un verdadero terremoto. Pero antes Aécio Neves tiene que ganar.

Carlos Alberto Montaner