Enrique Ayala Mora

Bonos electorales

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19 de October de 2012 00:01

Si a cualquier persona se le preguntara en frío, sin que mediara un interés electoral, de popularidad o supervivencia política, qué opina sobre los bonos que hay en el país, en especial el de la “pobreza” o de “solidaridad”, la respuesta sería, sin duda, que estos son todo menos progresistas, que vienen a ser como “paños calientes”, que no remedian la situación básica de los pobres del Ecuador.

Darle treinta o cincuenta dólares mensuales a una persona de bajos ingresos es una ayuda. No cabe duda de eso. Pero es una forma de perpetuar la pobreza, el discrimen y la desigualdad. Por eso, los gobiernos socialistas del mundo han propugnado reformas estructurales que garantizaran una real igualdad de los ciudadanos y acceso efectivo a los servicios básicos, con un esfuerzo por lograr el pleno empleo. Lo radical, lo definitivo, es eliminar las grandes diferencias sociales y no repartir caridad con plata pública, aunque le pongan otro nombre.

El “bono de la pobreza” lo creó el nefasto e inepto gobierno de Mahuad, como cínica “compensación” al encarecimiento de la vida, que se expresaba visiblemente en las alzas del precio del gas. Luego, con un nombre u otro, el bono ha sido instrumento electoral y mecanismo de gobierno por más de una década. Ofrecer elevarlo o ampliar su cobertura ha sido un socorrido recurso de campaña.

Desde luego que a estas alturas, a nadie se le ocurre suprimir los bonos. Incluso hay uno, el de las personas con discapacidad, que es un ejemplo mundial. Pero es verdaderamente lamentable que la oferta de subir el bono más generalizado se convirtiera en eje de varias propuestas de campaña. Un banquero-candidato ofrece cincuenta. Otros le siguen. Y Rafael Correa cubre la postura indicando que la elevación se pagará con las utilidades de los banqueros. Esto último, sinceramente, quisiera verlo, más allá de la oferta electoral.

¡Qué lastima que se haya centrado la campaña en ofertas de caridad pública en vez de propuestas de cambio estructural! En las campañas se deben exponer programas con medidas coherentes y de fondo, para que el electorado se pronuncie con un mandato claro a los mandatarios. Sería una estafa que se pague cincuenta dólares a los más pobres, para volver al neoliberalismo puro y duro.

Un país en que la justicia social es un referente central, en que hay un camino trazado al socialismo, no es el que más bonos reparte y más altos, sino aquel en que los bonos de la pobreza no se necesitan. Porque se habrá logrado, al menos de inicio, que las escandalosas diferencias sociales se eliminen, y la gente acceda a un trabajo dignamente remunerado. No hay “buen vivir” en un país de mendicantes, sino en una nación de personas que han renunciado al consumismo y al despilfarro, y han optado por formas de vida sobrias, austeras y no depredadoras.