Sebastián Mantilla

Bono de la pobreza

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7 de November de 2012 00:01

El anuncio hecho por el presidente de la República Rafael Correa de subir el bono de la pobreza de USD 35 a 50 no debería ponernos a pensar solamente en cómo se va a financiar sino en evaluar los resultados de este tipo de mecanismos o estrategias gubernamentales.

El Bono de Desarrollo Humano (BDH) fue implementado en 1998 por el gobierno de Mahuad como un subsidio temporal. Si un inicio tuvo una cobertura del 40 por ciento, en la actualidad alcanza el 100 por ciento de la población considerada como pobre. Es decir, aquellas personas que no cuentan con más de USD 2,51 diarios de ingreso. Esto ha hecho que -por arte de magia de los tecnócratas- el índice de pobreza en Ecuador baje y sea ahora del 25,3% y el de indigencia del 9,4%.

No obstante, un tema que no se discute y que ha quedado flotando en la opinión pública nacional tiene que ver con la naturaleza de este tipo de subsidios. En el ámbito académico se conocen como “mecanismos de transferencia de renta mínima”. Es decir, como instrumentos de repartición de la renta y estrategias que ayudan a la supervivencia de los sectores más desfavorecidos. Los bonos no eliminan la pobreza sino mejoran las condiciones de determinados sectores mientras tenga vigencia este tipo de iniciativas. Por este motivo el alza del subsidio de USD 35 a 50 no va a reducir sustancialmente la pobreza.

No se va a reducir la pobreza por varios motivos. En primer lugar, hay un problema de criterios. Pobre no es el que gana menos de USD 2,51 diarios. Se relaciona con diversas condiciones de la condición humana. Por ejemplo, pobre puede ser una persona sin pleno acceso a la información, a los bienes universales como educación e incluso puede ser entendida como limitación a la libertad de elegir. En segundo lugar, uno de los problemas que existen con los bonos de la pobreza es que hay un gran desperdicio de recursos por la mala focalización. En el caso del Ecuador se dice que tenemos una cobertura del 100% de pobres. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿de las personas que reciben el bono, quiénes finalmente están en situación de pobreza? En tercer lugar, un programa de transferencia de renta no es efectivo si no va acompañado de otras políticas sociales en favor de los sectores vulnerables. ¿De qué sirve que una persona reciba el bono si no tiene en su barrio saneamiento básico, no tenga acceso a la salud, esté a merced de la delincuencia común?

Por este motivo, lo propuesto por el Presidente es parcial y no va a solucionar los problemas de la pobreza en el Ecuador. El tema crucial no es tanto cuánto y cómo debe financiarse el bono de la pobreza sino abordar esta problemática de manera integral. De eso deberían hablar el resto de candidatos.