Enrique Ayala Mora

Bolivarianismo y dictadura

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El 24 de julio es la fiesta del natalicio de Simón Bolívar. Esta es una buena ocasión para recordar un antiguo debate sobre el pensamiento del Libertador y la dictadura.

José María Velasco Ibarra fue una figura protagónica de la política ecuatoriana. Poderoso movilizador de las masas, cinco veces presidente de la República y dictador en otras tantas, el bolivarianismo es una de las ideas-fuerza de su discurso, tanto en la oratoria electoral, como en la oficial de Jefe de Estado, y sobre todo en su abundante producción bibliográfica, editada mayormente en el extranjero.Formado en la vertiente católico-liberal impulsada por el arzobispo e historiador Federico González Suárez, Velasco intenta superar el debate conservador-laico con una síntesis ecléctica en la cual la figura del Libertador es capital. En un esfuerzo por retomar las dos tradiciones de bolivarianismo, Velasco destaca en Bolívar su pasión por la libertad, su doctrina americana, relevando su tendencia a los gobiernos fuertes, y en último análisis a la dictadura como necesidad.

Para Velasco, el Libertador era demócrata auténtico por su propia “altura moral”. La doctrina americana de Bolívar, según Velasco Ibarra, fue honda y realista. Con la experiencia del poder y el conocimiento del pueblo se dio cuenta de que no era posible pasar del absolutismo a la democracia formal. Dada la psicología de los americanos era necesaria una transformación para poder llegar al republicanismo integral. Para no descender a la tiranía era necesario un gobierno sólido, fuerte y estable. A Velasco le parece que esto no lo entienden los que llamaba “intelectuales librescos”.

Velasco considera que, cuando el fantasma del caos, agigantado por las pretensiones seudo-democráticas de los liberales amenazó la vida de Colombia, Bolívar quiso mantenerse dentro de la ley y el régimen democrático y convocó a un Congreso para que reformara la Constitución. Pero “los leguleyos oscurecieron la cosa” y el Libertador tuvo que aceptar la dictadura. “Bolívar cumplió con su deber, dice Velasco. Tenía que ser transitoriamente Dictador para que la democracia triunfe en Hispanoamérica. El triunfo de la anarquía pudo haber sido la ruina total de Colombia independiente.”

El bolivarianismo de Velasco recupera al Bolívar estadista como garantizador del “orden”, la desmovilización popular y la vigencia de los derechos. En su defensa de la dictadura y del “hombre necesario” Velasco no puede dejar de autoencontrarse. Hay dictaduras buenas y dictaduras malas. Las suyas se proclamaron en nombre de la “insuficiencia de las leyes” y de una más efectiva vigencia de la democracia. Henos aquí en pleno bolivarianismo instrumental. El Libertador cobijando la necesidad de la dictadura. Y esa visión y tradición no murió con Velasco Ibarra.