Marco Arauz

El blindaje político de AP

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El fin de semana, los presidentes de los países de la Alba reflejaron en Twitter su buen talante por la reelección de Dilma Russeff en Brasil, ante el liberal Aécio Neves. El entusiasmo se explica en gran medida por el enorme esfuerzo que tuvo que hacer el Partido de los Trabajadores, con el expresidente Inacio Lula da Silva a la cabeza, para alargar su presencia en el poder.

El panorama no es tan halagüeño para la tendencia en Argentina, donde los 13 años de kirchnerismo han provocado gran desgaste político, sobre todo por la serie de reveses económicos, aun cuando la presidenta Cristina Fernández, reelecta hace tres años, siga empeñada en declararse víctima de una conspiración mundial. Lo único seguro es que el próximo año habrá relevo político, después de que el afán de reelección fue enterrado el año pasado.

La situación en Venezuela es cada vez menos viable, mientras el presidente Nicolás Maduro toma todos los días medidas parche que solo alargan la penosa crisis. No solo desaprovechó los enormes ingresos de la bonanza petrolera, sino que hoy culpa a Estados Unidos por la baja de precios al haber desarrollado un nuevo método de extracción de crudo.

Tras varios años de crecimiento sostenido que han permitido continuidad política, varios gobiernos, incluso los de economías diversificadas, sienten el efecto de la recesión. Con mayor razón aquellos que dependen de la venta de materias primas y que quieren cambiar su matriz productiva solo con sustitución de importaciones. Incluso Bolivia, cuyo Presidente fue reelecto recientemente y está haciendo bien las tareas, puede enfrentar en el futuro cercano problemas derivados de la excesiva dependencia de productos primarios.

Nada de esto es extraño para Ecuador, en donde otra vez se pone a prueba la ecuación entre economía y política. Si no se han hecho cambios de fondo en la producción y se ha dependido del petróleo para sostener un alto nivel de gastos, hay preocupación por la estabilidad y por una continuidad que parecía fácil hasta hace poco.

Alianza País (AP) prefiere tomar recaudos aunque ello conlleve riesgos. Ya no puede darse el lujo de decidir en función de lo que dicen las encuestas sino que incluso está dispuesta a contradecirlas, por ejemplo al desoír el deseo ciudadano de que la posible reelección sea materia de consulta.

Como se suponía, la Corte Constitucional, cercana al Gobierno, decidió que el tema podrá ser tratado como una enmienda en la Asamblea, controlada por AP. También quedará en sus manos la decisión, entre otras, de declarar que la comunicación es un servicio público, y avanzar en el proyecto de controlar cada día un poco más a los medios que no reproducen el pensamiento oficial.

La pregunta es si todo ese blindaje político resultará suficiente, y si la oposición será capaz de levantar un discurso que rebase el oportunismo del momento.

marauz@elcomercio.com