Óscar Vela Descalzo

‘Black mirror’

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En esas raras ocasiones en que la pantalla de cualquiera de nuestros dispositivos electrónicos se oscurece, cuando finalmente hemos hecho aquella pausa que nos devuelve un momento a la realidad, aparece en el espejo negro nuestro rostro desdibujado, envuelto en sombras.
Eso es lo que somos desde hace tiempo: siluetas humanas atrapadas en un aparato creado por nosotros mismos.

Minuto a minuto, hora tras hora, estamos tan metidos en esas pequeñas máquinas que, lentamente, nos vamos deshumanizando.
La conversación va quedando en desuso, relegada en estos tiempos por los chats y la interacción a través de un teclado o una pantalla.

Las relaciones personales se reemplazan hoy con facilidad inusitada por relaciones virtuales. Los amigos son apenas perfiles de páginas electrónicas con fotos, comentarios, bromas o noticias triviales.

Las disputas, los debates, las discusiones, tan necesarios para nuestro crecimiento personal y de la sociedad, se realizan ahora en las redes, en la web, en la imaginaria sobremesa a la que nos ha arrastrado la tecnología.

Estamos invadidos por espejos negros que desnudan esta nueva condición humana de inevitable sometimiento a la tecnología y a su vertiginosa propuesta.

Una muestra palpable de la capitulación masiva a la que hemos llegado es, por ejemplo, la turbulenta y asquerosa campaña electoral que estamos viviendo.

En estos tiempos ya no son las propuestas ni las ideologías las que marcan la agenda, ni siquiera las tarimas, sino las pantallas de los dispositivos que tenemos a mano, iluminadas para nosotros con noticias instantáneas, chismes, ofensas, ofertas, descalificaciones, insultos, escándalos, injurias, burlas, mentiras, especialmente mentiras…

No hay tregua para ningún candidato ni para sus familias o allegados.

Nadie se salva de caer en las garras de los miserables que se ocultan detrás de esos espejos para lanzar veneno contra todo y contra todos, para mancillar el nombre del opositor, acusarlo, señalarlo, encausarlo, humillarlo, hundirlo si es posible, pues en estos tiempos todo vale.

A propósito de estos espejos que son capaces de mostrar lo peor de la condición humana,
recomiendo ver la serie británica ‘Black Mirror’, creada por Charlie Brooker. El tema principal de esta exitosa producción realizada con capítulos discontinuos y argumentos distintos, gira alrededor del dominio de la tecnología y el cambio radical de la vida de los seres humanos, conquistados por la inteligencia artificial.

El primer capítulo de los trece que tiene actualmente la serie es, sin duda, el más impactante de todos, pues además de introducir al televidente en una cadena historias tan ingeniosas como aberrantes, nos muestra a un ficticio primer ministro inglés que es capaz de humillarse en vivo y en directo ante todo el mundo por conservar su cargo y seguir como sea en la carrera política. Retorcida y siniestra, como la vida misma, así es la serie ‘Black Mirror’.