Pablo Ortiz García

Bienvenida la paz

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Buena noticia la recibida por el mundo hace unas horas: La posible firma, en un máximo de seis meses, de un acuerdo de paz en Colombia.

Esa nación que, con una guerra interna de más de 50 años de duración, está donde está, ni imaginarnos lo que ocurrirá cuando solo tenga que lidiar con los problemas del día a día.

Estamos ante una eventual potencia a nivel continental. ¡Bien por ese pueblo luchador, que ha aprendido a salir airoso en épocas difíciles! Sus gobernantes, sobre todo los dos últimos con sus políticas, bastante diferentes, frente a la guerrilla, han podido llegar al punto de la “casi” suscripción de un documento de paz.

Los comandantes guerrilleros han comprendido la situación de nuestra época, en la cual la guerra civil no es el camino para cambios. Son pocos los jóvenes que ven en la lucha armada la senda para alcanzar cambios radicales en un mundo en el que los habitantes desean progreso en paz.

Ante esta gran noticia para América Latina, ¿Ecuador está consciente de lo que se le avecina? ¿A qué me refiero? Me imagino que muchos de los guerrilleros que toda su vida han estado en pie de guerra, con las armas como compañeras confidentes de todos sus días y noches; en que las drogas les han permitido comprar bienes y conciencias, políticos y placeres, ¿podrán vivir acoplados a una realidad en que eso no es lícito y se lo combate? En la que el día a día se lo planifica y no se lo improvisa de acuerdo “al enemigo”.

Tal vez los guerrilleros, con muchas canas en el cabello, querrán descansar tranquilamente en el calor de cuatro paredes seguras. Pero para muchos de los jóvenes que fueron conquistados por la guerrilla colombiana, y para quienes la vida es una vorágine, el poder lo encuentran en la fuerza y la satisfacción en disparar. No creo que se inserten en lo cotidiano de vivir en comunidad, con reglas que obedecer y libertad para movilizarse.

¿Estará Ecuador preparado en su frontera norte? El Gobierno ecuatoriano, que durante los últimos ocho años ha estado ‘minando’ no solo al Servicio Exterior Ecuatoriano, sino también a las Fuerzas Armadas, no está listo para defender con argumentos sólidos que confiere una diplomacia profesional la invasión de eventuales exguerrilleros que no se insertan en el diario vivir de su Colombia de paz.

Por su parte, los militares ecuatorianos durante este período de gobierno han sido objeto de cambio de funciones (con el beneplácito de una cúpula de generales que no ha sabido defender el prestigio de una vida institucional de muchos éxitos), y no están del todo listos para defender la frontera ante una posible “invasión” de guerrilleros no interesados en su inserción en la sociedad colombiana.

Bien por Colombia, preocupación por Ecuador. Bien por el continente americano en que los focos de conflictos armados van desapareciendo por la fuerza de la razón y la prevalencia de la inteligencia.