Alexandra Kennedy-Troya

A-humanos/casos legales

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25 de junio de 2014 20:30

Extrañas coincidencias no deliberadas. Llega a mis manos el caso legal ventilado en Inglaterra en 1941: “Caso 001621 (hijo muerto dibujado por un artista psíquico)”. El padre ha encargado el retrato de su hijo muerto sin proveer al artista ningún referente visual; el “artista”-médium, hace uno que recibe el beneplácito del padre. Este publica foto real y boceto en la revista esotérica “Two Worlds”; el artista-médium que vive de estos encargos, pone un juicio porque no se reconocen sus derechos de autor.

El juez después de muchas dubitaciones sobre si el artista era tal o no, sobre si la obra-boceto es tal si no tiene nada de subjetivo o creativo sino que ha sido “mediado”, sobre si hubo un encargo formal, etc., falla a favor de Leah (el médium), en colaboración con un “diferente a-humano” quien le ha dictado literalmente sus propios rasgos (el hijo muerto).

Hace unos días, discutimos este caso en la Casa de los Arcos, Bienal de Cuenca, en una Asamblea convocada por uno de los colectivos, que junto con el público nos integró como “expertos” a un especialista en derechos de autor, un historiador del arte, un psicólogo con experiencia en médiums, un dibujante. Discutimos durante un par de horas…La discusión guiada por el artista Kobe Mattys, parte del colectivo Agency de Bruselas, tomó derroteros muy interesantes.

El acto de legimitar algo/alguien puede entrar en conflicto con la legimitidad de una existencia “extraña”, incómoda, no conocida. Lo legal entra en juego cuando una parte se siente perjudicada en términos económicos o de reconocimiento social; pero ¿qué pasa cuando, por ejemplo, el caso antes descrito se torna en un caso de fe-religioso? Nadie plantó un juicio a San Lucas que pintó por intermediación divina o al indio Juan Diego quien recibió la imagen de la Guadalupe en su ayate.

El minero francés Augustin Lesage empezó a pintar a los 35 –en 1912- porque espíritus poderosos lo hicieron a través de él. Sus llamados dibujos automáticos y su actuación posterior como curandero le valieron un juicio por intrusismo por parte de un colectivo médico; mas, después se reconoció su obra como “arte bruto”, según definición de Dubuffet.

Todo nos lleva a pensar que el gran filósofo francés Bruno Latour y nuestros reconocidos sabios de las comunidades –estos en vivo y directo- tienen razón en cuestionar la división que hemos cuidadosamente realizado entre Cultura y Natura, como si lo humano (tierra) estuviese apartado de lo no/a-humano (cielo; incluye cosas, objetos y bestias). En fin… sin más preámbulos, estas prácticas artísticas y discursivas presentes en la 12 Bienal no hacen sino insistir en el arte no como objeto de consumo sino como una herramienta que inspira, cuestiona, interpela. Este quizás sea el valor excepcional de esta Bienal que mañana cierra sus puertas.